74. Pendular
Encaramado sobre una rama robusta y elevada, se la colocó alrededor del cuello y tiró del nudo. Tan solo faltaba dejarse caer cuando divisó una silueta en idéntica decidida posición.
Aún en la lejanía, percibió la confluencia de sus miradas.
Antes de saltar, se liberó de la soga mientras observaba como él o ella hacían lo propio.
Sorprendentemente, descubrieron otros cuerpos que alcanzaban la tierra con sus pies desde árboles aledaños. Caminaron unos hacia otros hasta encontrarse en el punto donde encenderían las primeras hogueras y acabarían por prender amores que ya no esperaban.
No es fácil precisar cuánto tiempo transcurrió hasta que un joven panadero, taciturno y solitario, se dejó caer desde la horquilla del majestuoso roble de la plaza. Todo concluyó, a cierta distancia del suelo, en el clásico movimiento.

