78. A pleno pulmón
Los amores de verano pesan poco. Son los más felices amores, pues apenas los alcanza el óxido del tiempo y conservan su brillo hasta que acaba la canícula. Yo no sé de otros amores posibles, ni quiero. Me basta con amar a ciegas, como un loco, durante esos meses. Entonces soy sombra de su sombra y a nadie más pertenezco. En cuanto el sol aprieta y mi corazón se halla dispuesto, hago una lista y comparo. Después elijo con cuidado a quién insuflarle mi pasión. Hasta ahora prefería las rubias bajitas, de boca carnosa y pecho pequeño. Este año me he decidido por un rotundo tiranosaurio.

