34. La Musa
La llamada anónima, que se repitió durante ciento veinte días, al principio le produjo inquietud, pero acabó convirtiéndose en una agradable rutina. Comenzaba con: “Musa, estoy aquí para escucharte” y después, silencio. Aurora colgaba el teléfono al oír la voz, hasta que una tarde de soledad y tristeza se animó a hablar. El último encuentro que conoció por Tinder había resultado decepcionante. ¿Qué os pasa a los tíos? preguntó sin obtener respuesta. A partir de entonces se acostumbró a contar sus vivencias, reflexiones y recuerdos a ese desconocido que la atendía. Cuando las llamadas cesaron, Aurora tuvo que reconocer su desilusión –otra más– por el final de esa extraña relación.
Pasado unos meses compró una novela que ocupaba los expositores de todas las librerías. Pertenecía a un escritor o escritora que, según revelaba la editorial, se escondía bajo un pseudónimo. Fue leyendo su propia historia con una mezcla de orgullo y estupor. El autor dotaba de interés y misterio a una vulgar biografía. Intrigada, quiso conocer su destino en las últimas páginas. Tal como se contaba, una tarde de invierno alguien llamó a su puerta.


Qué incertidumbre. Primero, quién será quien la llema; luego por qué dejó de hacerlo; finalmente, ¿cómo será en persona?
Un anrazo y suerte, Paloma
Que pillo el escritor que la llamaba. Así, a lo tonto, ha escrito una novela. Aunque en el fondo creo que era una estrategia para llamar a su puerta una tarde de invierno. O quizás se enamoró de ella por el camino, quién sabe. Porque tengo cero dudas de que es él quien va a buscarla.
Un abrazo y suerte.
Me encanta: buena trama, intriga, incertidumbre… La manera tan original del escritor para buscar una musa que lo inspire…
Si, es un círculo que puede cerrarse con la visita del escritor. Original que se lo diga en el libro.