25. LA CULPA
Érais como hermanos o al menos eso creía él y le manipulaste y traicionaste. Érais buenos amigos y les manipulaste y traicionaste. Todos te ofrecían buenos consejos y de todos te reías creyéndote superior. Gastaste tu buen dinero a espuertas y tu viste que vender tus pisos en nuda propiedad. Fuiste un adicto a las compras compulsivas, a lo material, pero toda tu gente lo podía comprender por la minusvalía que tenías. Lo que nunca comprendieron fue que te portaras mal, dando la imagen de hacerlo bien. Les pretendías comprar con dinero y cuando hablaban a tus espaldas de tu forma de ser y les oías a hurtadillas, en vez de reconocer tus fallos, les ladrabas. Nunca fuiste feliz, pero no hiciste nada por remediarlo. Siempre, escapándote de ti mismo. Y ya no te queda nadie, tan solo un cuidador colombiano que te saca los ojos, pero como es bien parecido, se lo perdonas. Pero a ti ya no te perdonas nada: la culpa se ha convertido en tu mejor compañera de tus últimos años de esta triste vida que llevas. Y ya es demasiado tarde para cambiar, amigo.¡No sabes cuanto lo siento! Pero ya no te quiero (ver más)…


Sicen que nunca es tarde para cambiar, pero a veces el pasado pesa demasiado y ya no hay fuerzas, ni tiempo, ni se sabe cómo empezar de nuevo. Al menos, la culpa podría ser un principio.
Un abrazo y suerte, Iñaki
Otro abrazo para ti, Angel. Quien siembra vientos, recoge tempestades…como este protagonista…