ANGUSTIAS VITALES
En clase tocó meteorología. Cubrimos las paredes del aula con climogramas y mapas de todos los colores mostrando el funcionamiento del clima, los distintos tipos y las consecuencias de alterarlo.
Mi padre, sorprendido por mi interés en el tema, escuchó atentamente cuando le expliqué ya en casa todo lo que había aprendido al respecto. Añadió simplemente la idea del efecto mariposa para insistir en la responsabilidad de todos en el asunto y bajó a poner la mesa.
La voz de mi madre llamando a comer coincidió con la entrada de mi padre de nuevo en la habitación. Había oído un golpe seco y se acercó a ver si estaba bien. Cuando me vio orgulloso, con la zapatilla en la mano, una mueca de terror cubrió su rostro. Aterrado, comprendí enseguida la gravedad de la situación. «Era una polilla papá. Solo una polilla».
Desde entonces vivo en una angustia permanente; temo que alguna de las catástrofes naturales que se suceden en los telediarios haya sido por mi culpa.


Hay qué ver la que puede montar una simple polilla. Ja ja ja. O mejor, la que se puede armar por un mal entendido. A este chaval si que le ha tocado el efecto mariposa, y el sentimiento de culpa le puede arruinar la vida.