66. Mensaje divino
Al padre Jeremías se lo llevaban los demonios cada vez que rezaba el Yo confieso. En el momento en que la oración llegaba al «por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa», unas señoras de negro alzaban la voz para expiar las suyas. Pertenecían al gremio del santo decoro que, tras haber manchado el nombre de las que vestían prendas de colores sin tapar todas sus carnes, acudían a la iglesia para que Dios las absolviera de sus faltas. No sospechaban que Él mismo las miraba con recelo. Sus voces le removían las tripas y decidió aparecerse al cura para tratar el incómodo trance. «Me repugna que propaguen sus prejuicios y luego pretendan mi perdón a cambio de unas plegarias», le confesó. Su representante en la Tierra resumió el conflicto con un refrán: «A Dios rogando y con el mazo dando». Al Todopoderoso le gustó tanto que trazó un plan para grabarlo en la memoria de aquellas devotas. El domingo, cuando llegó la proclama estentórea de las culpas, el sacerdote bajó del púlpito con calma, se acercó a ellas, les dio la espalda, levantó sus vestiduras y mostró un hermoso tatuaje de letras góticas que cruzaba sus posaderas.


Todas las religiones y cada creyente cree, o intenta, actuar de manera que concuerde con la voluntad divina, pero hay tantas interpretaciones como personas. No estaría de más que la divinidad se manifestara de esa manera tan clara, para que los fieles supieran a qué atenerse
Nos quedamos con las ganas de saber cuál fue ese mensaje divino en letras góticas, el soporte en el que está escrito ya llama la atención y rompe esquemas.
Muy divertido, Pablo.
Un abrazo grande.
Muchísimas gracias como siempre, amigo Ángel. ¡Qué grande eres!
El mensaje en cierta parte no es otro que el que Dios quiere que se le quede grabado en la memoria a sus fieles, bien tatuado y en letras góticas, para que no se olviden del refrán.
Un abrazo grande.