Autoridad moral
Una rata enferma está royendo el reclinatorio. El pecador no la ve, y al arrodillarse casi la revienta:
—Padre, ayer pegué a un hombre por insultar a mi difunta hija.
El sacerdote respira profundo, se concentra:
—Tranquilo, Zacarías, cuéntame qué pasó.
—Nada, solo le partí la mandíbula. Pero quise matarlo, se lo juro; el muy cabrón dijo que mi niña vestía como…
El padre sin hija se calla: de pronto, flotando en la oscuridad ha aparecido un vestido rosa. Y un lazo blanco, desatándose. Y unas manos de hombre recorriéndola, ahogándola.
«No, esto no puede estar pasando»; al recordarlo todo, el párroco tiembla, enrojece.
En un lateral, la rata orina sangre. Más arriba, una virgen de madera abre la boca, se retuerce, vomita.
Después, ambas lloran.

