IN EXTREMIS (Ana María Abad)
Jamás se arrepintió de ninguna de las muchas tropelías que había cometido en su vida. Al menos hasta que, en su lecho de muerte, con sus escasos deudos vertiendo lágrimas de cocodrilo a su alrededor, atisbó entre ellos aquella ufana sonrisa guarnecida de dos cuernos y un largo rabo.

