Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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35. AL FIN SOLA

 

Juan la vio subir por la barandilla del balcón, de espaldas a aquel precioso mirador. También la vió crear su propia telaraña con largos hilos de seda.

Cada día, al volver del trabajo,  observaba cómo  atrapaba su presa y la desmenuzaba con sus dientes y garras, observaba cómo la desmembraba antes de llevársela a su estómago. No se atrevía a contárselo a nadie, pero la verdad es que estaba orgulloso de ella, le demostró ser una  buena cazadora.

Bela, así la llamó, era hermosa. Tenía el cuerpo redondeado y bien abultado, de color negro, con unos pequeños lunares rojos de los que presumía a diario mientras restauraba su fino telar. Crecía apresuradamente, feliz.

Aquel día, como siempre, la buscó y la llamó para ofrecerle su bicho favorito. Bela apareció por detrás, sin dejarse ver y con sus picos encorvados le mordió en el cuello para dormirlo. Poco a poco lo despedazó y lo digirió.

 

5 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    La fascinación de un hombre por un arácnido fundamenta buena parte de tu historia, como quizá también el mensaje de que no hay enemigo pequeño, además de la certeza de que existen animales que no pueden adoptarse como mascotas, ya que, si tienen ocasión, no discriminan y solo se dejan llevar por su instinto, de manera que el supuesto cuidador se convierte en presa. La ley de la naturaleza, que no es otra que la de la evolución, la de que el más fuerte sobrevive, es lo que se impone.
    Un saludo y suerte con tu relato de inquietante final, Isabel

  2. Antropomorfizar a los animales, en este caso, a un bicho, es un arma de doble filo, porque se pierde la objetividad y, con ello, dejamos de ver el peligro que representan: «Al fin sola» dice Bela la viuda negra, con la panza llena, sabiéndose, ahora sí, la dueña del balcón…
    Como buena aracnofóbica que soy, el micro me ha puesto la piel de gallina, jaja, no obstante, Isabel, te requete-super-felicito.

    Besotes😘😘😇😇

  3. Isabel Cristina Fernández Sánchez

    Muchas gracias a los dos por leer y sobre todo por comentar porque habéis descubierto en mi micro algunos detalles que, ni siquiera yo, sabía que estaban ahí. Es verdad que, a veces, el relato tiene vida propia.

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