36. Amarre (Nuria Rodríguez Fernández)
Te amé mal desde el principio.
Guardé tus uñas, un cabello, el hilo suelto de tu abrigo. Con todo hice un cuerpo pequeño y torpe. Le cosí tu nombre donde otros guardan el corazón y lo escondí bajo mi almohada.
Cuando faltabas, la casa entera crujía de hambre.
Al principio fueron pequeños descuidos: extraviaste las llaves, perdiste el sueño tranquilo, olvidaste alguna cita. Después empezaste a regresar con cualquier excusa: un libro, una chaqueta, las gafas. Pensé que eran casualidades.
Mi obsesión era un animal paciente.
Anoche me dijiste que mañana te irías para siempre.
No respondí.
Esperé a que te durmieras. Saqué el muñeco de debajo de la almohada y lo apreté en el puño hasta que las costuras se me clavaron en la piel.
Esta mañana sigues aquí, con mi nombre entre los dientes y ninguna puerta en tu memoria.


Una mujer que siente y cree que ese hombre le pertenece, sin pedir su opinión, y es capaz de todo para no perderlo, hasta de la peor magia negra para anular su voluntad, aun a costa de su integridad.
Una realidad imaginativa y dura, pero muy deleitable, como siempre lo son tus letras, con esa música que tan bien suena en tu libro «Micromanía melómana».
Un abrazo y suerte, Nuria.
Muchas gracias por tu, como siempre, amable comentario. Además, qué fantasía que menciones a mi libro, eres el mejor, querido Ángel. Un abrazo muy muy grande.
Uala, qué fuerte Nuria. Muy buena la historia que hay debajo y buenísima la capa que la cubre y que le da forma.
Besazo.
Muchísimas gracias, Ana María. Es muy fuerte, cierto, pero tan real, el mundo está lleno de gente que mal quiere. Un abrazo enorme.
Quería un esclavo y lo ha conseguido! Es todo suyo y solo suyo. La forma que le has dado es la mejor.
Muchas gracias, Rosa, por pasarte por aquí a comentar. Cierto, ha conseguido un esclavo sin voluntad, que triste, con lo bonito que es el amor verdadero. Un abrazo.
Lleva tu firma… Esas metáforas prodigiosas… Ole y ole.
Un beso y suerte con él.
Muchísimas gracias, querida María. Es difícil no dejar el sello propio. Un besote fuerte.
Nuria, como bien dices en la primera frase, esa es una mala forma de amar. Me encanta esa pátina macabra que le das a la historia.
Un abrazo y suerte.
Muchas gracias, querida Rosalía. Cierto, no es forma de amar, es más, eso no es amor, es obsesión, como dice la canción, jajaja. Un beso enorme.
El amarre funciona estupendamente también con el lector. No pierdas la receta.
Muchísimas gracias, Edita. Me encanta tu comentario, siempre tan audaz, además de amable. Esperemos no perder la receta, aunque en este caso es muy mala…. Un abrazo enorme.
Amar amarrando. Muestras muy bien esa obsesión, q llega a anular con tretas funestas la voluntad de la persona amada.
Muy original y bien elaborado, Nuria.
Enhorabuena y suerte
Muchísimas gracias, Alberto. Es cierto que es una obsesión que a veces confundimos con amor, sí queremos esa posesión, no es amor, o por lo menos de una manera sana. Un abrazo grande.
Una auténtica maravilla, Nuria. Delicado y perturbador a la vez, con un crescendo impecable y un final que deja un nudo en el estómago. Enhorabuena.
Muchas gracias, Sergio. Qué ilusión me hace tu comentario. Es oscuro, sí, y con ese final que a mi también me dejó mal cuerpo. Un besote grande.
¡Estupendo como siempre! Un relato que habla de pertenencia versus dependencia. Así es el amor muchas veces.
Envuelto en tus particulares metáforas lo describes muy bien.
Un abrazo
Muchísimas gracias, Gemita. En cuanto queremos esa pertenencia que roza la obsesión, hasta incluso darnos igual la voluntad de la otra persona, se convierte en otra cosa, pero no es amor, el amor debe ser libre. Un abrazo enorme.
Uy qué miedo. Magia negra. Nunca mejor dicho, amores que matan, aunque estos no sean amores también matan. Yo diría que matan más. «Medomedá» dicen por estas tierras de meigas…Enhorabuena Nuria.
Muchísimas gracias, Miguel Ángel. Vivir algo contra nuestra voluntad, a veces, es peor que estar muerto, o eso dicen, jejeje, espero tardar en averiguarlo. Fascinantes meigas y fascinante tierra. Un abrazo enorme.
Qué barbaridad de micro. Enhorabuena.
Muchísimas gracias, María. Qué barbaridad de comentario, me ha encantado. Un abrazo enorme.
Hola, Nuria.
Tu prosa poética es, como siempre, impecable. Es tu sello, inconfundible y magnífico. No hace falta que te diga que me encanta como fusionas la narrativa breve o «micronarrativa», en este caso, con la poesía.
Respecto al tema del relato, decir que me parece algo terrible y enfermizo que alguien piense que otra persona le pertenece y más todavía que intente arrebatarle su autonomía sea de la forma que fuere, en este caso con magia negra, que parece algo propio de literatura surrealista, pero que existe y viene a corroborar eso de que la realidad supera ampliamente la ficción.
Un abrazo, querida amiga.
Hola, amigo Ángel.
Muchas gracias por leerme siempre con tanto cariñó. Me hace mucha ilusión que reconozcas ese punto donde intento mezclar poesía y microrrelato, al final es la forma que tengo de contar.
Comparto plenamente tu reflexión. Lo verdaderamente inquietante no es la magia negra, sino la necesidad de dominar al otro, de confundir el amor con la posesión. Los conjuros quizás pertenezcan a la superstición, pero el deseo de convertir a una persona en propiedad ajena sigue siendo una de las sombras mas antigua del ser humano. Ahí, por desgracia, la realidad suele escribir relatos mucho más crueles que la ficción.
Un abrazo enorme, amigo. Gracias por estar siempre al otro lado.
Qué buena voz, Nuria. Cargada de poesía, de metáforas, de ese realismo mágico que tan bien se te da. Una historia de mal amor, de obsesión mezclada con magia negra, con fantasía, con crudeza. Me gusta, mucho, un abrazo y suerte.
Muchas gracias, Jesús. Desde luego, sí que es un mal amor… pero malo, malo. 😂 Me alegra muchísimo que te haya gustado y que hayas pillado ese punto de magia negra, obsesión y fantasía. Un abrazo enorme, amigo. ❤️