43. ¿Arritmia hereditaria?
Una vez más, despierto asustado en mitad de la noche. A oscuras, encuentro tu pecho.
Pumpumpum.
Me acomodo. Sonrío.
Pum, pum. Pum, pum.
Un dolor en la tripa me oprime y suelto un leve quejido.
Pumpumpum.
Me acerco más a ti. «Gracias», intento decir. Tomo tu dedo. Y olvido el dolor.
Pum. Pum. Pum.
«Mi héroe», quiero añadir, pero la garganta me arde. No puedo hablar. Otra punzada.
Chillo.
Pumpumpum.
Lloro.
Pumpumpum.
Me separas de tu pecho. Pierdo tu ritmo. Me alzas. Y me gritas:
—¿Vas a dejar de llorar, puto bebé? —mientras me zarandeas una vez más.


La realidad a ojoa de un bebé ha de ser muy distinta a la de un adulto, un cúmulo de sensaciones cambiantes, más sensoriales que racionales. Esta criatura buscaba instintivamentebla protección materna ante alguna molestia estomacal, no poder expresarlo aún es un problema. Paralelamente, cualquiera puede tener un momento malo, sobre todo si se leninterrumpe el descanso, tambien una madre.
Un abrazo y suerte, Hugo