Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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38. Baila, baila, bailarina

Alexander Ivanov, el gran maestro de ballet, le entregó su alma a la lujuria y al alcohol hace mucho mucho tiempo. Tras perder el prestigio, la reputación y los amigos, se encerró en su casa y nada más salía para reponer la despensa de precocinados y ginebra barata. Solo le quedaba ella que, de vez en cuando, aún le deleitaba con maravillosas coreografías, como las que él mismo creaba, que le hacían recordar aquella época de gloria, mientras la contemplaba desde el raído sofá lleno de lamparones y olor a vómitos de noches pasadas. A veces se le caía alguna lágrima que se mezclaba con las babas, aquellas que se columpiaban en la comisura de los labios, tras el penúltimo trago. Pero también sentía odio por ella, no soportaba que fuese capaz de seguir bailando mientras su vida se había ido a la mierda y por eso, un día, sin miramientos, lanzó con fuerza la caja al suelo, que se partió en mil pedazos, menos aquel par de zapatillas rosas que, desafiantes, se quedaron en pie.

 

12 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Hay personas que eligen el hedonismo sin límites, con negras consecuencias. Una vez dentro de la trampa es difícil escapar. Tal vez su elección fue consecuencia de una vida demasiado estricta (la relacionada con el ballet lo es).
    La historia de una decadencia, con el recuerdo amargo de días mejores, simbolizados en esos zapatitos de ballet de bailarina de cajita dé música.
    Un relato en cuyo título, tal vez, se respira un homenaje a un cantante de tu tierra y muy querido en todas partes, como también, quizá, a su mujer interpretando en castellano ĺa canción de un maestro al piano venido a menos.
    Un abrazo grande, Nuria. Suerte.

    1. Nuria Rozas

      Bailas con tu análisis sobre todas las notas que han salido de mi cabeza. Muchísimas gracias por ese análisis tan meticuloso.
      Besosss

  2. Tu protagonista ha tirado su vida y su carrera por la borda. Ahora, vive solo y destrozado. Nada más disfruta de la compañía de esa vieja caja de música, que le mantiene anclado a su pasado. Después de hacerla añicos, nada le queda, salvo sus viejas zapatillas de baile.
    Muy buen relato, Nuria. Te deseo muchísima suerte.
    Besos apretados.

  3. Tu protagonista apostó por una vida lúdica sin más objetivo que el placer inmediato. Ahora solo le queda la compañía de la cajita de música, sobre la que descarga su ira. Esas zapatillas rosas de ballet son el símbolo de aquello que dejó perder.
    Muy acertado el título, alusivo a la conocida canción.
    Hermoso y triste relato, Nuria.
    Besos.

  4. Barceló Martínez

    Hola, Nuria.
    Hay vidas que se pierden por el camino. Unas consiguen regresar a la vía correcta, pero otras no lo hacen y se quedan recordando cómo era andar por un sendero que les conducía hacía donde querían o necesitaban ir.
    Un relato interesante con imágenes muy metafóricas que muestran lo fácil que se puede quebrar una vida y lo difícil o imposible que puede resultar recomponerla.
    Un cálido saludo de verano, querida amiga.

    1. Nuria Rozas

      Qué pena de esas vidas que se pierden y nos dejan sin saber qué hubiera sido de… si…
      Muchas gracias por pasarte a reflexionar por aquí conmigo. 😉
      Besosss

  5. Pablo Núñez

    Precioso relato, Nuria. Muy bien escrito. Una historia sobre los días negros de una antigua gloria de un divo, que se ve reflejado en algo tan mágico (para mí lo es) como en una caja de música, su bailarina, y esas zapatillas rosa que jamás dejarán de bailar y recordarle lo que fue y dejó de ser.
    El título, memorable.
    Un besote,
    Pablo

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