39. CAFÉ NOSTALGIA (Concha García Ros)
Mientras tomaba aquel café, miró su enorme barriga. Pensó que el declive físico avanzaba deprisa y que pronto el espejo le devolvería la imagen de un payaso viejo y solitario. En momentos así es cuando sentía no haber tenido hijos. Hubiera sido un buen padre. Necesitó hacer un esfuerzo por sacudirse aquella sensación que amenazaba con estropearle el día.
Pagó y se marchó caminando. De vuelta en su camerino no tenía mucho tiempo para retocarse la pintura antes de la siguiente actuación. Tomó el bote y comenzó a extenderla. Entonces tuvo un pensamiento que se convirtió al instante en convicción. Con un cosquilleo de ansiedad pensó que lo haría, hoy dejaría atrás el miedo. Se limpió la pintura de las manos con una toallita húmeda y buscó un bolígrafo y papel. La carta de Félix comenzaba así: “Después de tanto tiempo te recuerdo como si aún estuvieras aquí”.
Dos semanas después estaba en plena actuación cuando al mirar hacia una de las filas del palco no dio crédito a lo que vio. No era posible, pero sí, sí lo era. Allí estaba ella. Y le sonreía mientras abrazaba en su regazo a un niño de unos seis años.
Tu protagonista, un hombre que tiene por profesión tratar de hacer felices a los niños, se da cuenta, sin saberlo, de que echa de menos a la que hubiera podido ser la madre de su descendencia. Ese reconocimiento y su proceder en consecuencia le traen la alegría de una paternidad deseada.
Un relato muy humano y positivo,
Un abrazo, Concha. Suerte
Todos hemos apostado por el payaso triste, pero tú le has dado un giro con un final tierno. Suerte.
Besicos muchos.
Hola, Concha.
No hay nada peor que encerrase en la nostalgia. No le deja a uno avanzar, crecer como persona. Tu payaso logar escapar de tan fatídico reducto. Vence el miedo, enfrentándose cara a cara con él. Y obtiene el fruto apetecido. Ser padre y abuelo al mismo tiempo. Un texto que me gusta, porque ahonda en la naturaleza humana, escarba en ella hasta la médula. Y me gustan los finales felices, qué quieres que te diga.
Me ha encantado tu propuesta. Feliz todo para ti siempre y un beso.
Tengo que releerlo porque hay cosas que se me escapan: no es padre pero hay una mujer y un niño, y Felix ¿quién es Felix? Voy a relerlo YA. Y disculpa
¿Una historia con final feliz? Ya era hora. Se agradece. 😀
Concha, buena historia. Suerte y saludos
¡Qué bonito Conchi! ¡Qué esperanzador! Al menos en tu relato el final promete ser feliz. Una pena que el miedo haya impedido a Félix poder disfrutar antes de su ansiada paternidad.
Mucha suerte, me gustó mucho tu relato. Abrazos.
Madurar es hacerse un poco más sabio, y tomar las decisiones más valientes.
Buen relato, Conchi, como siempre!!