Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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72. Caprichos

Entró en el local una tarde lluviosa. Parecía un mirón intentando evitar mojarse. Pero cuando sus manos me tocaron, una descarga nos recorrió por dentro. De allí salimos juntos, convencidos de convertirnos en la mejor pareja del mundo. Cuando cantaba «Canción al elegido» o «Unicornio» conmigo acurrucada sobre su regazo, pulsaba partes de mi interior que nadie me había descubierto; entonces emitía emociones que ignoraba que existieran. Pasábamos horas y horas juntos. Pero poco a poco lo nuestro se fue apagando. Ya no me tocaba y si lo hacía era rápido, mal y con desgana; y al final acababa malhumorado. Pasaba días abandonada sin saber nada de él. Pero peor era cuando llegaba excitado, con los ojos rojos desorbitados y me negaba a seguir sus instintos cada vez más salvajes. Como sospechaba ocurrió lo inevitable, y me reemplazó, en aquella misma tienda de segunda mano donde nos conocimos, por quien podía ofrecele aquellas brutales sensaciones. Ahora no creo que nadie se fije en mí, una guitarra con solo tres cuerdas desafinadas, el mástil torcido y perdido el brillo de su barniz. Solo me queda el consuelo de la mala vida que le dará esa mesa de mezclas de grandes platos.

8 Respuestas

  1. Germán Michoa Pinilla

    Muchas gracias. Me ha gustado mucho. Es impresionante la capacidad que tienes de elegir la canción adecuada para cada relato como se ha podido comprobar a lo largo de esta convocatoria. De nuevo, muchísimas gracias.

  2. Ángel Saiz Mora

    En una relación que se rompe siempre hay una parte que pierde más que otra, pero se necesitan dos pilares para sostener la construcción. Existen personas vehementes, que se entregan a cada momento que les deslumbra, que pronto sustituyen por otro. Su proceder se basa en impulsos, más en concreto, como bien indica el título, en «caprichos».
    No hay ninguna pista que haga pensar, a lo largo del relato, en algo distinto a una pareja humana. Al final descubrimos que una guitarra, gracias a la magia de la literatura, puede expresarse y sentir, abrazada por alguien capaz de extraer lo mejor de ella, como también sufrir un desengaño. Seguro que tardará menos en cansarse de ese ingenio electrónico. Tras una pérdida irreparable es lógico buscar algún tipo de consuelo, un nuevo fracaso por parte de quien tanto daño produjo.
    Un saludo y suerte, Germán

    1. Germán Michoa Pinilla

      Ángel, ese bisturí que tienes es maravilloso. Acertado como siempre en tus disecciones. Muchas gracias por tus comentarios ya por ellos merece la pena haber escrito el relato.

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