61. Coartada
Le dijiste a tu abuela que tampoco podré viajar a España este verano. Que un tornado ha arrasado mi casa. Y la preocupación le camufló el rubor de las mejillas. Pobrecita. Aunque no me conoce, me ha tomado cariño. A la novia americana de su nieto. A la chica de Arkansas que juega al softball, trabaja de canguro y hace prácticas en una clínica dental. Me lastima su angustia. O que te burles de ella cuando intenta chapurrear inglés usando la aplicación del móvil. Lo hace por mí. Y, a pesar de todo, te perdono cada día. Porque te amo. Incluso he aceptado el deslucido nombre de Lily. Si por mí fuera, preferiría que me llamaras Hannah, vivir en Nueva York y trabajar en una editorial donde están a punto de publicar mi primera novela. Pero te has empeñado en dibujar mi biografía con una previsible línea recta. Lo que no voy a consentir es lo de los domingos. Que comas con Alfonso en casa de tu abuela, y, mientras habláis de mí, acaricies la mano de tu amigo bajo el mantel de lino. Estoy empezando a sospechar algo terrible: que yo no existo.
Novia virtual a la vista!
Se ve venir y aun así he aligerado para conocer el final. Has dado de si la temática de forma magistral. Muy acorde a los tiempo en que vivimos. Una ingenua abuelita que no se merece el engaño. Y un nieto demasiado asustado por la verdad.
Lily tampoco se merece estos cuernos literarios, aunque estén tan bien redactados.
Una gran mentira bien elaborada, un engaño mantenido como pantalla de humo que enmascara otra realidad, oculta a una buena anciana, que hasta trata de aprender inglés, a sus años, una coartada tan bien elaborada que hasta tiene vida propia y sentimientos.
Un relato tan bien elaborado como elegante.
Un abrazo y suerte, María.
Exacto, diste en el clavo. Eso quería contar. Qué sería de nosotros sin tus comentarios.
Un abrazo grande, Ángel.
En este caso Lily es solo una invención. Una mentira tan grande que «casi» ha cobrado vida propia. Porque cuando se miente se hace daño a todos.
Muchas gracias, Rosa, por tu tiempo y tus comentarios.
Un abrazo.
Una maravilla de relato con un final virtual espléndido propio de la Inteligencia Natural.
Gracias por leerlo y comentar, Edita.
Un abrazo grande.
Me encanta, María, cómo vas dibujando a esa novia a base de pinceladas sueltas que conforman un retrato muy creíble, sobre todo para la pobre abuela. Y, en efecto, el final se veía venir por las pistas que dejas a lo largo de toda la historia, pero rematarlo con esa frase dubitativa en primera persona me parece magistral. ¡Chapeau!
Un besazo, compi.
Un beso grande a ti, Ana María.
Y muchas gracias por tantas palabras bonitas.
Me parece un prodigio escribir un relato que narra un ser que no existe. Pobre abuelina, aprendiendo inglés. Aunque bueno, el Duolingo es bueno para el Alzheimer… Saludos y suerte, María.
Qué bueno que la novia-inventada «no le permita» al chico acariciar al amigo delante de la abuela…¡engaño sobre engaño! Me encanta esa personificación de la mentira.
Muy bueno, María.
Un beso,
Carme.
Qué bueno el dar voz a ese cuento que ha creado el protagonista de la historia, que miente a la pobre abuelita sin ruborizarse. Bravo, María. Genial microrrelato