Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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70. Código de honor

El capitán dejó el fusil en el suelo y levantó las manos. Tenía las pupilas rojas de impotencia y de miedo. Miró a su alrededor el campo regado de cadáveres. No reconoció en ellos a sus hombres; más bien parecían muñecos dejados allí adrede por un siniestro operador de atrezo.
El sargento enemigo, a instancias de su comandante, ordenó el alto el fuego. El ruido de los disparos se amortiguó poco a poco, hasta componer un silencio cósmico.
El último silbido acarició el oído izquierdo del capitán. Si lo escuchas no eres el blanco. Recordó está frase tantas veces repetida en la charla a los novatos, en las tertulias de taberna, en las palabras de aliento que se dicen a quienes esperan lejos del frente. Sin embargo, un retortijón súbito le llevó de improviso a sujetar su vientre. Un raudal de sangre tiñó sus manos, un torbellino de recuerdos le derrumbó. Primero de rodillas. Después su cara se clavó en el barro ensangrentado. Allí quedó su cuerpo descompuesto junto al resto de la compañía, como un coro de espantajos que pregonara los horrores de la guerra.
El comandante, orgulloso de haber devuelto la dignidad al capitán enemigo, enfundó su arma.

8 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    No sabemos cómo será el infierno, pero la guerra debe de ser lo que más se le parece. Un espacio en el que acabar a sangre fría con la vida del que se ha rendido se considera un acto noble demuestra que el hombre ha perdido el norte. Mejor un vivo vencido que un muerto glorioso, pero el sentido común desaparece cuando se antepone un deber mal entendido que niega lo humano, además de un código absurdo. El sargento ejecutor quedó satisfecho de su acción, pensando quizá que a él, en su caso hubiera gustado que le hiciesen lo mismo. Quizá el capitán era de otra opinión, lástima que nadie le preguntase.
    Un relato intenso, con una buena cadencia hasta el desenlace final.
    Un abrazo, Juancho. Suerte

    1. Gracias Ángel por tus siempre atinados y generosos comentarios. Gracias por tu atenta lectura y por tu presencia casi permanente. Creo que la acción del comandante es un acto de poder, una demostración de magnanimidad mal entendida. Es posible que él, en la misma situación del capitán, no deseara tampoco recibir este tiro de gracia, que aquí concede tan generoso.
      Abrazosss!!!

  2. Jesús Garabato Rodríguez

    Hola, Juancho. Aunque por la forma «pausada» de contárnosla no lo parezca tanto, nos muestras una historia terrible con varias «ramificaciones ocultas» (al menos para mi) que le añaden interés al asunto. Me pregunto, por ejemplo, por el «grado de culpabilidad» del capitán en lo sucedido; lo que podría llegar a hacer él en idéntica situación; si realmente es mejor «vivir» cuando todo se derrumba a tu alrededor; «quién», y por qué, tiene el derecho de proclamar esos códigos de honor y no tiene la capacidad de controlar su uso o su abuso… Un relato para pensar. Voy a atreverme a señalar, por si sirve de algo, algunos «errores» que creo ver en la redacción de tu texto. Pienso que tras «un retortijón súbito» no va coma. Creo que es «un torbellino de recuerdos lo derrumbó», no «le derrumbó». Y, por último, pienso que Compañía es con minúscula. Espero no haberte molestado. Saludos y suerte.

  3. Gracias Jesús por tu lectura, por tus comentarios y por la visita. Me alegra que el relato haya abierto en ti tantos interrogantes, que te haya hecho pensar. Gracias también por señalar esos errores que las prisas, la falta de atención o el desconocimiento nos llevan a cometer de vez en cuando. En cuanto a la coma tienes toda la razón, un fallo que achaco a un lamentable despiste. En cuanto a compañía, lo cierto es que dudaba y estuve buscando, para al final, no sé de que manera busqué, hacerlo mal. Me temo que en lo relativo al le, los madrileños, incorregibles leístas, y los originarios de algunas otras regiones tenemos cierta bula:[Dada la gran extensión en el uso de los hablantes cultos de ciertas zonas de España de la forma le cuando el referente es un hombre, se admite, únicamente para el masculino singular, el uso de le en función de complemento directo de persona: ¿Has visto a Jorge? Sí, le vi ayer en el parque].
    No solo no me molesta, sino que agradezco tus puntualizaciones, sin duda fruto de una lectura atenta.
    Abrazos!!!

    1. La peste y la guerra, dos de los escenarios preferidos de la muerte. Enhorabuena también Mar, un relato escalofriante!!! Muchísimas gracias.
      Bsss!!