Compañía de estraperlo
Él coge el álbum de la barra y se lo entrega a la dama. El ambiente caliginoso del local diluye el brillo de las joyas, que tintinean mientras ella se muerde las uñas.
—¡Siéntate ahí, Toby, bonito! —dice antes de abrir el álbum—. ¡Qué monada! A este lo llamaríamos Rocky. ¿Y esta? Esta tiene carita de Laika.
Los colgantes de oro entrechocan con cada saltito.
—Por esa… podría hacerte una buena oferta —dice él antes de mirar la salida de reojo.
—¡Qué bien, una rebaja! ¿Tú qué opinas, Toby? ¿Jugarías con ella? —pregunta mientras recorre con el índice el rostro de Laika.
—No lo sé, mamá. Creo que ya somos muchos.

