Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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60. Deseo sin fin

Esto es amor, quien lo probó lo sabe.
(Lope de Vega)

Impertérrito, a mi pesar, observo el Paseo de Recoletos con su incesante ir y venir de culos prietos en pantalones ajustados, piernas infinitas asomando de faldas mínimas, escotes generosos, pezones insinuándose bajo camisas transparentes, hombros desnudos, melenas al viento, labios carnosos…

Insólito efecto, sin embargo, el que tan turbadora exhibición de sensuales cuerpos opera en mi persona. Siglos ha, tales situaciones hubiesen sin duda derivado en un incontrolado aumento de la turgencia en cierta parte de mi anatomía, mas en la actualidad me provocan un reblandecimiento general, igualmente incontrolable. Tanto es así que, de no ser por la extraordinaria fijación que el marmolista, sabedor seguro de mis impulsos y debilidades, empleó para adherirme al pedestal, habríame abandonado ya a semejante ablandamiento, continuando el paso en que estoy suspendido, para descender la escalinata, seducir a la más bella de estas mancebas y entregarnos al placer hasta sentir nuevamente la bien conocida y añorada tumescencia.

8 Respuestas

  1. Hola, Marian. Como dice Barceló, yo también me quedé de piiedra. No conozco el Paseo de Recoletos (vivo en Argentina), pero no me fue difícil imaginarme ese deseo sin fin corporizado en el David de Miguel Ángel, a quien tuve el privilegio de ver y fotografiar en un viaje a Italia, allá por 2019. Tantas bondades en el propio mármol y en los cuerpos de carne y hueso y no poder hacer más que verlos ir y venir debe ser terrible…

    Cariños,
    Mariángeles

  2. Barceló Martínez

    Sí me ha gustado, Marian. Aunque no quería quedarme con la duda de si he interpretado bien la lectura, imagino que estoy en lo cierto al pensar que el protagonista es una estatua.
    Te deseo mucha suerte

  3. Ángel Saiz Mora

    Las obras de arte, aunque a veces requieran de algún lavado de cara y restauración, están concebidas para la eternidad. Lo que nadie podría prever, salvo una mente imaginativa que sabe mirar más allá, es que el deseo que subyuga a los seres de carne y hueso, racionales pero también instintivos, tiene una continuidad en las figuras pétreas que los representan. No hay nada peor que la frustración, la condena de ser testigo obligado, cuando lo que se querría es un papel protagonista protagonista, participar del juego que resulta vedado.
    Una historia que además de creativa está muy bien contada, con un lenguaje culto, trabajado y elegante.
    Un abrazo y suerte, Marian

  4. Javier Arroyo

    Que callado se lo tiene, allí encaramado viendo pasar todo tipo de flores. Y nos quiere hacer creer que nada puede hacer. Muy original y divertido. Mucha suerte.

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