Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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36. DESTELLOS

Abrí la puerta del coche para recorrer el tramo que separa mi casa del trabajo. El tráfico, tan habitual como habitual es el enfado que me produce. De repente una luz destellante me impidió ver la carretera. Una sensación de angustia recorrió mi cuerpo. La luz se apagó y descubrí la nada a mi alrededor. Todo estaba oscuro, no se veían casas ni los caminos que subían hasta la ciudad. Paré el motor del coche y descendí. Ví a lo lejos una luz y fuí trás ella. Cuando estaba a punto de llegar comprobé que era la ventana de un hospital. Me asomé y ví a una extraña mujer postrada en la cama. Sólo el pitido discontínuo de las pulsaciones rompía el silencio de aquella habitación. De repente una puerta negra se abrió bajo mis pies. Caí por un tunel sin luz. Las imágenes pasaban atrozmente por mi cabeza. Eran todos los recuerdos de mi vida. Sentí  un golpe fortísimo, y perdí la consciencia. Al recuperarme abrí los ojos y vi al lado a mi mujer.

Estaba tumbado en la cama del hospital que había visto desde aquella ventana iluminada. Había vuelto de un viaje que jamás recomendaré a nadie.

3 Responses

  1. Barceló Martínez

    Hola María.
    Creo que tú y yo hemos contado una historia muy parecida, cada uno a nuestra manera. La principal diferencia que veo es que en tu relato la experiencia del protagonista no parece haberle dejado nada positivo.
    Mucha suerte con estos «Destellos». Un cálido saludo.

  2. Ángel Saiz Mora

    La luz, que solemos asociar a lo positivo como disipadora de tinieblas, puede convertirse en todo lo contrario se se acumula en un destello que provoca un accidente de tráfico, ya sabemos que todo en exceso es negativo. Sin embargo, como también detallas en tu relato, la oscuridad total es la nada, solo disipada con la visión de la ventana de un hospital.
    Tu historia, de manera similar a la de mi apreciado tocayo Barceló, narra la secuencia de un viaje que muchos señales parecen indicar que todos, alguna vez, tendremos que emprender, con la diferencia, como él apunta, de que tu personaje no llega a ver esa luz identificada con la vida después de la vida; en todo caso, vuelve a la única que conoce, vida al fin y al cabo, junto a su mujer.
    Un saludo y suerte, María

  3. Juan Antonio

    Nuestros cerebros están llenos de información que quedan en nuestro conciencia o quizá en el subconsciente. Cuando ocurren esas cosas, a esas personas o a las que les llega esa información, puede parecerles un viaje a modo de despedida. Personalmente creo que como en los sueños nuestro cuerpo juega a exteriorizar lo que tiene acumulado en nuestro «disco duro».
    Como siempre un estupendo relato.
    Un abrazo y mucha suerte, Juan Antonio

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