Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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54. Días felices y extraños (Ana Tomás García)

Frente a mí, la pared y un retrato en blanco y negro de días felices y extraños. El marcador de la bici elíptica dice que estoy a diez kilómetros de donde empecé. Diez kilómetros, dice.

La fotografía en blanco y negro, y la profundidad de su perspectiva, hace que pueda atravesar el muro, y la bici surca el canal veneciano fácilmente. Los kilómetros siguen contando, y el canal no se acaba nunca. Estaba tan cómoda en aquella góndola… Desireless me canta: “Viaja, viaja…” con un mensaje tan jodidamente pegadizo que me dan ganas de llorar. Sigo pedaleando, tal vez con rabia, y el marcador dice que me alejo,  que quemo distancias y calorías. Y que mantenga la fe, me dice el macizo de Bon Jovi, mantén la fe… Pero por mucho que quiera todo tiene un límite, y el canal, que está frente a mí en la fotografía en blanco y negro de días felices y extraños, no tiene fin, y yo ya estoy cansada,  y si  Tina Turner dice que simplemente soy la mejor, no le voy a llevar la contraria, aterrizo y voy a darme una ducha.

Mañana otra vez, esto solo se pasa a base de engaño.

2 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La actividad gimnástica de tu protagonista emula esos «días felices y extraños», (se podría decir que más de lo segundo que de lo primero), que hemos vivido durante semanas de confinamiento. Unos eran muy parecidos a otros. A algunos nos dio por hacer gimnasia dirigida por Internet; otros (me consta casos de varios amigos) desempolvaron sus bicis estáticas, relegadas en un sótano o utilizadas como percheros. Este instrumento de gimnasia es pura monotonía, que necesita ser amenizada y motivada con música, como hace tu personaje, que termina viendo en la fotografía que tiene enfrente un camino que nunca termina y siempre está ahí. Hay casos peores. Durante un tiempo en el que fui, hace años, a un gimnasio, las estáticas estaban enfrente de televisores con programas de Tele 5. Se le quitaban a uno las ganas de volver, la verdad.
    Un relato introspectivo con el que muchos podemos sentirnos identificados.
    Un abrazo y suerte, Ana

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