Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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7. DULCE ESCLAVITUD, AMARGA CONDENA. Mercedes Marín del Valle

Mi primer contacto consciente contigo fue en una feria, me fascinó la manera en que, dando vueltas, te transformabas dejando tu blanco inmaculado, para componer delicias de colores.
A escondidas disfrutaba de tu brillo cristalino, ni el mineral más perfecto podía hacerte sombra. Mamá nunca supo cuán enganchado a ti estaba hasta que una mañana, sin explicación posible, me desmayé.
Han pasado más de cuarenta años y sigo siendo tu esclavo. Mamá murió hace meses, ya nadie me vigila. Soy el yonky de las pastelerías y en mi despensa, los bollos industriales ocupan todas las estanterías. La comida precocinada es la reina de mi mesa y nunca faltan los helados.
Esta mañana mientras desayunaba, un programa de televisión te tenía como protagonista. Los males que causas los tengo todos y los asumo, sin embargo, me he sentido defraudado al descubrir que tu blancura es una máscara que consigues a fuerza de muchos lavados con químicos.
Loco, lleno de rabia, he roto los azucareros, vaciado los estantes y derretido los helados. Ya no te quiero, me das asco y vergüenza.
Luego te he buscado ansioso, nervioso y al no encontrarte he llorado.
Nunca te perdonaré que me sedujeras y me esclavizaras.

9 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Un homenaje, que implica también condena y adicción, de algo que no se nombra pero todos conocemos, convertido en personaje con dos caras: el azúcar, una sustancia ideada para endulzar la vida, pero que también puede amargarla si crea adicción; una dicotomía en la que está atrapado tu personaje, que forma parte indisociable de su existencia y le hace disfrutar y sufrir a partes iguales.
    Un relato en el que se refleja la contradicción de sensaciones placenteras con sentimientos de apego involuntario, una psicología en la que el cielo y el infierno aparecen combinados de tal forma que uno no se entiende sin el otro.
    Un abrazo y suerte, Mercedes

  2. Barceló Martínez

    Hola, Mercedes. Dulce ocurrencia la tuya de hacer el blanco azúcar protagonista de tu microrrelato. Es cierto que puede ser una cosa adictiva, pero en su justa medida es necesaria. En esto, como en todo, hay que saber encontrar la justa medida.
    Un azucarado saludo.

  3. Me encantó el racconto de esa «dulce esclavitud, amarga condena» del azúcar que todos solemos padecer, en mayor o menor medida… El detalle de los lavados químicos me recordó lo que vi hace muy poco, en un programa de tevé, sobre lo que dieron en llamar «alimentos falsos», y dieron varios ejemplos pero yo sólo me acuerdo de éste: queso de rallar que no es «de verdad» porque lo rebajan con almidón de maíz, o sea, uno no está comiendo lo que cree que está comiendo, de ahí que sea perfectamente entendible la rabia y desilusión del ¿diabético? protagonista.
    Que se quede tranquilo el muchacho, que desilusiones así, hemos sufrido todos; la cuestión es sobreponerse y seguir adelante ¿verdad?

    Un relato de dulce apariencia y amargas verdades. Muy bueno, MERCEDES, te felicito.

    Cariños,
    Mariángeles

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