Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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53. El lenguaje natural (Rafael Loscertales)

Entre las estanterías de la biblioteca, hartos de tanto juego infantil, descubrieron libros furtivos que permanecían ocultos a su ingenuidad. Los abrieron con dedos nuevos y de las hojas surgió una lluvia de adjetivos, nombres, pronombres, adverbios de todo tipo, verbos por explorar… Bajo sus pies desnudos, el aguacero formó una inmensa alfombra de palabras frescas, esponjosas, y se dejaron caer. Las probaron, taparon el rubor con las risas y construyeron frases compuestas con las que jugar. Lanzaron hacia el techo las más provocadoras, se enredaron en ellas y con las torpes caricias de sus morfemas, algo despertó. Los posesivos se pegaron con los besos a sus cuerpos, las preposiciones se enzarzaron en sus cabellos, los ojos brillaron con el mismo predicado y allí mismo, entre jadeos llenos de adverbios de modo y cantidad, conjugaron formas arrebatadas del verbo amar. De sus bocas escaparon fonemas apasionados y en los huecos de sus manos entretejidas, quedaron atrapadas algunas palabras: tú, yo, nosotros, más, ahora, siempre. Y una y otra vez, se dejaron envolver por el voluptuoso puzle gramatical.

14 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    ¿Qué surge primero, la necesidad de dar nombre a todo?, ¿o es el nombre y su capacidad evocadora y abstracta quien provoca la necesidad? Seguro que se podrían escribir ríos de tinta a partir de este dilema, filólogos, lingüistas, filósofos, todos tendrían algo que decir. En tu relato, sin embargo y por la vía de los hechos consumados, se demuestra que las palabras tienen un enorme poder de convocatoria, de sugestión y de convicción, capaz de transformar unos juegos infantiles en el descubrimiento de otra forma de afecto más profunda, con un alto componente físico, sin desdeñar una parte espiritual.
    Una pasión original y un homenaje al lenguaje, como herramienta que nos hace distintos y más complejos que cualquier otra especie.
    Un abrazo y suerte, Rafael

    1. Gracias, Ángel. Tienes mucha razón: somos complejos y la palabra aún nos hace serlo más. Solo con la semántica, tenemos variadas vertientes, desde la lingüística hasta la conductual. De todas formas, me gusta pensar (creer) que, cuando se trata de la pasión y el deseo, cualquier disparador nos sirve: palabras, olores, imágenes, el sonido de una voz… Por cierto, has lanzado unas grandísimas reflexiones.
      Abrazos.

    1. Gracias, Javi. Algunas veces me dejo llevar por un tipo de narración que utilizo más en relatos que en micros. Y vuelven algunas preguntas: ¿hay límites de forma o de extensión? ¿hay reglas que deciden qué es qué? Para mí no; todo depende precisamente (toma adverbio terminado en mente), de la pasión y el deseo al escribir. Abrazos, Javi.

  2. Mónica Posth

    Rafael, estamos ante un texto inmenso que borda una enternecedora historia con gran habilidad. La frase «conjugaron formas arrebatadas del verbo amar» es mi favorita por poética y apasionada.
    Eres grande, mucha suerte.

  3. Jonathan Ruadez

    ¡Rafa! Leo esto y no me queda más que aplaudirte. Esta frase la quiero enmarcar: «…entre jadeos llenos de adverbios de modo y cantidad, conjugaron formas arrebatadas del verbo amar». Eres un rockstar, un verdadero dueño del idioma 🙂 Mucha suerte, maestro.

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