Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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44. El taburete y la palmera

—¡Barbilla levantada y sin moverte! Tengo que dar más holgura al escote y no quiero cortar este bonito cuello!

La modista se ríe. Tiene un lunar muy gordo adornado con pelos en forma de palmera en un lado de la nariz. Cuando habla la palmera se agita como si hiciese viento. Mi hermana obedece. Está ridícula de pie en el taburete, con la barbilla levantada y esa mueca de miedo al sentir las tijeras en su cuello. Por el rabillo del ojo derecho veo que intenta mirarme para asegurarse de que no me estoy burlando de ella. Entonces, con el dedo índice, hago que jugueteo con un lunar invisible y su palmera, y consigo que no pueda reprimir una oleada de risa floja.

—¡Pero estás loca o qué, casi te corto!

Aunque hubiese preferido un cortecito de verdad me conformo con la reprimenda.

Yo nunca me he subido al taburete de las pruebas para niñas que estrenan vestidos. Siempre heredo los de la tonta que ahora me acusa de hacerla reír.

—Qué te hace tanta gracia —me pregunta la mujer.

—La palmera junto a tu nariz.

Aún no sé nada de mentiras piadosas.

 

2 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Aprendemos a reprimir lo que pensamos por aquello de la convivencia social, para cumplir un mínimo de respeto hacia otros congéneres. No burlarse de la desgracia o defectos ajenos entra dentro de se ámbito, pero la risa floja, como la lava de un volcán, a veces no puede reprimirse.
    Esas normas sociales se aprenden con el tiempo, hay personas que las tienen más interiorizadas, otras apenas; la muchacha de tu relato todavía no ha llegado a esa lección, aún es joven. Además, ser la segunda también le ha marcado. No poder estrenar nunca nada propio propicia que tu personaje se rebele, algo que tiene que salir por algún sitio.
    Una escena cotidiana, posible y divertida, salvo, quizá, para la modista.
    Un abrazo y suerte, Dominique

  2. Dominique Vernay

    Gracias, Ángel… sí, escena del todo posible, te lo puedo asegurar, con palmera incluida 🙂
    Ahora entre lo politicamente correcto y el respeto resulta complicado escribir y hasta pensar… creo que a veces nos vendría bien volver a ser niñ@s. Otro abrazo par ti.

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