Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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17. El tejo de Lebeña (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Triste está Doña Justa. El conde de Liébana, su esposo Don Alfonso, lo sabe y como aquel rey moro que cubrió de almendros Sevilla para curar el alma de su amada escandinava, mandó traer la más hermosa de las olivas de Lucena para plantarla junto al camino de pasos y rezos del templo.

El Tejo, dueño del lugar,  harto de herboleras que para conjurar el bien o el mal le sacaban sus untos, quedó admirado cuando aquel primer mayo descubrió la belleza de su nueva vecina. Él que nunca tuvo flores la vio vestida como una novia envuelta en su mantilla de encajes blancos dorados y quedó prendado. Amoroso la protegió de vientos, nieves y celliscas y lanzó sus raíces, con  la parsimonia propia de su raza, hacia las de su amada. Cuántos nudos tejerían juntos bajo tierra. Y pasaron siglos de romance hasta que el tejo sucumbió en la peor tormenta del milenio. El lugar es santo y propicio para resurrecciones. Solo una rama, replantada, se recupera lentamente y la oliva, por San Miguel, continuará regando con sus aceitunas el camino y su renacido compañero mostrará sus arilos de colorines que solo los pájaros negros saben comer sin daño.

4 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Dos árboles tan distintos y, sin embargo, tan cercanos, que demuestran que existen muchos tipos de atracción y de pasión.
    Otro capítulo más de esa memoria que mantienes viva al materializarla en letras.
    Un abrazo, Jesús

  2. Juancho

    Me ha gustado mucho este amor clandestino y montaraz. Una micorriza para dos, una simbiosis de cariño. Desconocía la palabra arilo.
    Mucha suerte Jesús!!
    Abrazo!!

  3. Paloma Casado Marco

    Qué bonita historia de amor vegetal. He leído que los árboles se comunican por sus raíces, como tu tejo y la oliva. Un abrazo, Jesús

    1. Jesús Alfonso Redondo Lavín

      Pues esta es una de muchas leyendas de nuestra tierra. El olivo fue cortado hace muchos años pero surgieron de su tronco dos ramas que son las que hoy podemos ver y el esqueje del tejo sigue creciendo para perpetuar la leyenda. Gracias por comentar, Paloma.

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