El vaso colmado (Luisa Hurtado)
Cuando volvemos mi hermana y yo del cole y entramos en casa, madre sale a nuestro encuentro pidiéndonos con un gesto que no hagamos ruido. Eso solo puede querer decir que padre volvió de una de sus juergas de madrugada y ahora duerme. Avanzamos por el pasillo con cuidado cuando oímos cómo en la cocina, donde se hace la comida para el monstruo, lo primero que este reclamará, se cae y estalla un plato. Inmediatamente después llegan los gritos, los insultos y golpes; momentos en los que mi hermana y yo solemos escondemos bajo la cama. Sin embargo, nadie lo habría adivinado, el vaso de la pequeña estaba colmado y veo cómo se levanta, avanza hacia los rugidos, los acalla con su presencia insignificante y una vez a los pies del gigante empieza a golpearlo con saña; mi madre y yo nos miramos atónitos y descubrimos juntos que el miedo ha sido sustituido por algo que no sabemos nombrar y nos empuja a unirnos a nuestro David para maltratar al hombre con furia, molerlo a palos, gritando histéricos, hasta que aparece el cuchillo que se entierra en el vientre correcto todas las veces necesarias y nos devuelve la calma.

