67. En la orilla. (Alfonso Carabias)
Cuando consigue sentarse, con el esfuerzo que le exige la edad, esboza una leve sonrisa al ver a todos junto a la mesa.
Dos hijas que han sabido labrarse un porvenir junto a sus parejas, y tres nietos tan inquietos como cariñosos son, a su edad, un legado más que generoso.
Durante la cena saborea con agrado el guiso de maafe que ha preparado su hija pequeña. El sabor le transporta a su niñez, al calor de su hogar, y le reconforta saber que su receta perdurará al menos una generación más.
A su lado se sienta, como siempre, su hija mayor. El resto de la familia conoce y respeta ese vínculo que las une, y que se forjó hace años, durante su viaje a España.
Y aunque la calma reina en su ánimo en el ocaso de su vida, a veces revive esa noche, con una hija en brazos, y la otra en ciernes, en una embarcación que hacía aguas. Entonces vuelve a estremecerse ante el abrazo gélido del agua, con el empuje de las olas, y sus ojos se inundan de lágrimas al verlo morir en la orilla, ante un país que no lo pondría fácil.


Tierno y, a la vez, muy duro tu micro, Alfonso. Acoger a quien necesita nuestra ayuda porque llega a nuestro país sin nada, salvo el miedo a ser rechazado, es un acto de pura humanidad por el que millones de españoles también pasaron tras una guerra civil provocada por los mismos ideólogos cuyos herederos, hoy, deciden que no hay que acoger a nadie sino echar, incluso, a los que consiguieron entrar y aún trabajan sin papeles ni derechos, tal como le interesa siempre a la ultraderecha, claro. Enhorabuena y suerte.
Muchos hablan de prioridad nacional. Pienso que si fueran conscientes de que les puede pasar a ellos o incluso a sus hijos, o nietos. La vida da muchos vuelcos. Y quien sabe.
Duro relato biográfico de esta mujer que supo sobreponerse a la pérdida.
La desesperación, la necesidad y el hambre, pueden hundir a una persona, o dotarla del coraje de dejar un presente incierto en busca de un lugar desconocido y no más seguro, pero ante el que puede que se abra una pequeña esperanza. La pérdida terrible nada más llegar seguro que también sirvió de acicate para seguir adelante. Las personas somos básicamente iguales en todas partes, el hecho de haber nacido en una orilla o en otra es determinante, no se nos debería olvidar.
Un abrazo y suerte, Alfonso
Una historia necesaria en estos días de de falta de solidaridad, de egoísmo de rechazo al otro. Y todos podemos ser el otro en algún momento.
Un saludo
Alfonso, tu micro me ha traído a la memoria un fragmento del poema Hogar, de Warsan Shire:
«nadie pone a sus hijos en un barco
a no ser que el agua sea más segura que la tierra.»
Para quien no lo conozca, el poema completo se puede leer, por ejemplo, aquí:
https://edu-dh.org/2/dudh/dudh-w.shire.html
Un abrazo y suerte.
Hola Alfonso:
Las reuniones familiares siempre Dan lugar a recuerdos y anécdotas. En este caso, sobre la difícil llegada, con esa petdidaxque ahora tanto duele.
Un abrazo y suerte
Gracias a todos por vuestros comentarios. El coraje de la protagonista del relato es innegable, al igual que el de muchas personas que arriesgan sus vidas huyendo de un país a otra, en busca de una vida mejor.
Saludos.