ENTCUENTRO DE VERANO 2026: ESCENARIO ABANDONADO
ENTCUENTRO ESCENARIO VACÍO
PARTICIPANTES
- MALLORCA
- FORMENTERA
- BREVILES
- SORIA
- BENIDORM
Las parejas aquí señaladas tendrán que enviar, a través del FORMULARIO que encontrarán al final de esta entrada, un relato INÉDITO de un máximo de 100 palabras (sin contar el título) antes de que finalice el plazo del 31 de agosto (incluido), cumpliendo las siguientes condiciones:
CONDICIONES
Tuvimos un hotel vacío, un chiringuito sin gente y hasta una playa desértica… Y claro, estas son las condiciones para esta última propuesta de verano…
- El relato puede buscar cualquier espacio veraniego donde podamos encontrar un ESCENARIO VACÍO (entendiendo el escenario como espacio físico donde se realiza una obra de teatro, un concierto o un evento): un festival, una verbena, la fiesta de un pueblo o de un barrio… Pero el escenario vacío debe hacerse presente en el relato.
- La historia podrá situarse antes, durante o después de la actuación, que puede ser musical o de cualquier otro tipo (teatral, cómica, danzas…), pero estará presente en el relato.
- Al menos uno de los personajes del relato debe ser (o sentirse) forastero o extranjero.
No cumplir estas condiciones supondrá la descalificación.
Los relatos no se publicarán directamente. Deberán enviarse mediante el FORMULARIO que encontraréis al final de esta entrada. Una vez publicados, no podrán corregirse ni reeditarse.
De los cinco relatos presentados en este encuentro, el jurado elegirá uno para la gran final.
El resultado de este encuentro se hará público en una entrada general de la sección ENoTiCias, una vez terminado el concurso completo, a comienzos de septiembre.



EN UN PUEBLO PERDIDO, de Soria
El tren llegó pronto; nada más apearse, la llamó, pero el teléfono estaba apagado. Aquella mujer lo había citado en la plaza, «son las fiestas —le dijo— lo pasaremos bien». Buscó en su móvil el recorrido para ir caminando: dos kilómetros por una carretera en la que no vio a nadie, el sol se ponía. En el lugar acordado encontró un escenario con sillas caídas y partituras, que el viento había arrojado al empedrado. Intentó hablar con un hombre que se acercaba a caballo, disfrazado con capa, sombrero y espada. No le dio tiempo porque, al verlo, comenzó a galopar.
REGRESO AL INFIERNO, de Benidorm
Estaba solo encima del escenario. La banda se había ido ya, y las personas que unos minutos antes atestaban la plaza del pueblo y coreaban las canciones se habían marchado a ver la pólvora de fin de fiestas. Me puse a recoger el equipo. Sonreía y silbaba, pese al calor asfixiante de ese verano interminable, cuando, de pronto, pisé una madera que se movió. Y, bien por el balanceo, el retumbar de los cohetes o las luces en el cielo, me eché a llorar, igual que aquella noche en que me rescataron después de caerme de la patera al mar.
¡¡OTRA, OTRA, OTRA!!, DE Formentera
Aunque aún era pronto, en el recinto ya no quedaba un alma. Una hora antes, en su última pieza, el guitarra solista de la banda telonera había acometido un mágico, prolongado e imposible punteo de notas que enardeció a toda la concurrencia. Coincidiendo con el último acorde, el músico neozelandés se iluminó como un árbol de Navidad y, liberando una cascada de partículas refulgentes, empezó a chisporrotear desatando un entusiasmo aún mayor.
Nadie esperaba un final tan original y sorprendente. La descarga fue de cien mil voltios y, a pesar de la ruidosa insistencia, no hubo más bises.
LA DANZA DE SAN ACACIO, de Mallorca
Desde aquel año, cada verano regreso a tu pueblo por las fiestas. Por desgracia, siempre encuentro la tarima vacía, sin rastro de los danzantes ni de sus falditas blancas ni de sus medias con borlas. En mi país no existen tan extravagantes costumbres, quizá por eso me atrajo tanto vuestro espectáculo. Cuando uno de los palos de la danza salió volando, no atiné a reaccionar. Tus conocimientos médicos resultaron inútiles pero tus ojos verdes me ligaron a este momento: estoy condenado a seguir regresando hasta que algún retraso imprevisto me permita volver a verte antes de difuminarme en la nada.
NI CON CALZADOR, de Breviles
Deportivas, mocasines, sandalias, alpargatas, bailarinas, náuticos…, los ha visto saltar y danzar toda la noche —de dos en dos, de cuatro en cuatro, de seis en seis—apurando el último día de fiestas. Ni siquiera cuando vio las babuchas, fucsia y oro, ir de un lado a otro tropezando nerviosas con el resto, salió de debajo del escenario. ¡Maldito pueblo! ¡maldita música! No queda nadie y él dormirá allí hasta que se muera. Calculó: «un día sin comer ni beber y desapareceré sin dejar rastro». Ninguna niña rubia, por azules que fueran sus ojos, le volvería a llamar extranjero.