ENTCUENTRO DE VERANO 2026: CHIRINGUITO MONTOYA
ENTCUENTRO VIDEO CHIRINGUITO
PARTICIPANTES
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- FORMENTERA
- MOGROVEJO
- SORIA
- ISLANDIA
- MALDIVAS
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Las parejas aquí señaladas tendrán que enviar, a través del FORMULARIO que encontrarán al final de esta entrada, un relato INÉDITO de un máximo de 100 palabras (sin contar el título) antes de que finalice el plazo del 31 de julio (incluido), cumpliendo las siguientes condiciones:
CONDICIONES
- El ESCENARIO del relato será un CHIRINGUITO DE PLAYA durante la temporada de verano.
- Como en el vídeo, tendrá que aparecer uno de los SIGUIENTES PERSONAJES: un camarero novato, dos guitarristas o un grupo de 6 mujeres aficionadas al baile.
- EL TÍTULO será una ÚNICA PALABRA que esté presente en la letra de la canción del vídeo adjunto.
No cumplir estas condiciones supondrá la descalificación.
Los relatos no se publicarán directamente. Deberán enviarse mediante el FORMULARIO que encontraréis al final de esta entrada. Una vez publicados, no podrán corregirse ni reeditarse.
De los cinco relatos presentados en este encuentro, el jurado elegirá uno para la gran final.
El resultado de este encuentro se hará público en una entrada general de la sección ENoTiCias, una vez terminado el concurso completo, a comienzos de septiembre.
ENLACE AL FORMULARIO PARA PRESENTAR RELATO


CURRO, de Islandia
Chíviri cuchíviri chirín chirín. Ahí andan los compadres, el Piti y el Culebra, arrancando quejíos a sus guitarras. Madera, compás y arte. Seis churris siguen el ritmo pegadizo y bailan desterrando al olvido los cuarenta grados a la sombra. La concurrencia despistá entre el jaleo, el bebercio y la apuesta de cuándo la liará parda el camarero novato que, torpe equilibrista, esquiva las caderas y acerca en bandeja las cañas. Y yo, pilluelo, completando el cuadro, guiño el ojo al Culebra mientras arramblo la guita del turisteo embobao. Cómo nos gustan los chiringuitos de playa, chirín chirín chíviri cuchíviri.
¡AY!, de Mogrovejo
―A los guiris ―explicaba el dueño del chiringuito a Pepín, el camarero nuevo―, les sirves sangría con vino peleón a veinte euros la jarra. Cuando ya están piripis, tinto de verano sin alcohol, para que sigan consumiendo. Es el plan de rentabilidad del negocio. Más difíciles de mangonear son los del Imserso: si piden boquerones imitando el acento andaluz, les sacas media ración. Hale, atiende esa mesa.
—¡Buenaz! ―saludó un jubilado de Valladolid―. Venimo a deguztá laz gamba de Huerva. ¡Y no vaya confundite, pisha, con laz der Pizuerga!
«Una ración de verdad», subrayó en la comanda un sonriente Pepín.
JALEO, de Soria
Las bailarinas, seis en total, salieron despavoridas del chiringuito, una de ellas, la coja, se rezagó enseguida. Aunque poco pudieron correr las demás, ya que los zapatos de tacón se les llenaron de arena.
El camarero, que tan solo llevaba tres días trabajando, intentaba desesperado encontrar la puerta de salida, sin darse cuenta de que el local estaba en mitad de la playa y era totalmente diáfano. El hombre tenía poca experiencia y mínimas luces.
Los dos guitarristas continuaron consumiendo impávidos sus cervezas, sin prestar atención a la descomunal serpiente que buscaba, con la lengua fuera, un poco de sombra.
RITMO, de Formentera
Qué bien se lo pasan y yo aquí, en pleno agosto tras terminar la carrera de Sociología, con mi primer contrato de trabajo en un chiringuito. ¿Ha merecido la pena estudiar tanto?
Las agujas del reloj se ralentizan como procesión de caracoles y, a medida que transcurre el día, se va formando una barrera translúcida y viscosa en la barra. A cada caña que tiro, aumenta su espesor.
Al atravesar la nube que me separa de los clientes para tomar nota, las manecillas se mueven como aspas de ventilador. Es entonces cuando descubro en qué lado quiero estar.
ALEGRÍA, de Maldivas
En mi familia siempre hemos sido muy serios. Hasta que el abuelo tuvo que cerrar la librería por falta de clientela y decidió montar un chiringuito a pie de playa.
Mis hermanos abandonaron las clases de piano por la guitarra española y son la atracción de los turistas. Mis seis primas han cambiado sus trajes oscuros por vestidos de lunares y se pasan el día bailando rumbas.
Los veo tan felices que he empezado a trabajar de camarero. La abuela dice que tomo las comandas como nadie. Pero que las escriba en cristiano, que aquí nadie entiende el griego clásico.