Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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I A PROPÓSITO

Es imposible mantenerse al margen de un acontecimiento como la irrupción de la Inteligencia Artificial en nuestro día a día, y su incidencia es manifiesta y aparentemente irreversible en todo lo que nos rodea. En nuestro pequeño universo, el de los creativos de las palabras, es evidente que abre una ventana de tales dimensiones que parece poder tragarnos por entero.

La IA es una herramienta que nos brinda mil posibilidades. Y es cierto eso de que las herramientas no son buenas ni malas por sí mismas. Un martillo puede servir para construir una casa o convertirse en un terrible arma; una cámara fotográfica puede conservar un recuerdo, o utilizarse para vulnerar la intimidad de cualquiera. Lo que determina el valor de una herramienta no es únicamente lo que permite hacer, sino el uso que hacemos de ella y la intención con la que la utilizamos.

Y partimos de que la escritura, además, nunca ha sido una actividad ajena a las herramientas. Diccionarios, enciclopedias, manuales de estilo, procesadores de texto o correctores ortográficos forman parte desde hace mucho tiempo de nuestro modo de escribir. Recuerdo mi pasión, hace muchos años, por el Casares, buscando una palabra, descubriendo un matiz o tratando de encontrar aquella expresión que se resistía a aparecer, y que probablemente estaba lejos de formar parte de mi común vocabulario. Pero nadie pensaría que, por utilizar un diccionario, el relato deja de ser nuestro. Tampoco dejamos de ser sus autores porque un procesador de textos nos señale una errata.

La inteligencia artificial introduce, sin embargo, una diferencia importante: su capacidad para intervenir directamente en la construcción de un texto es completa y absoluta. Y por eso la cuestión no debería ser únicamente si utilizamos o no una determinada herramienta, sino para qué la utilizamos y hasta dónde dejamos que llegue su intervención. No es lo mismo pedirle que nos ayude a encontrar una palabra, que pedirle que construya el relato que después vamos a presentar bajo nuestra firma. Pero… Y si solo le pedimos mejorar el título, o que nos proponga una buena idea que escribiremos nosotros, un mejor cierre en la última frase, o que nos mejore el ritmo del fraseo… La labor de buscar las líneas para delimitar hasta donde llega lo … aceptable. Complicada tarea.

Pero creo que es justo ahí dónde aparece el verdadero regulador del asunto: la ética de cada uno.

Las bases de un concurso pueden establecer unas reglas, del mismo modo que pueden establecerse controles para intentar garantizar que se cumplen. Pero ninguna norma puede sustituir por completo la honestidad de quien participa. Al final, cada concursante sabe qué ha escrito, qué ha pensado y qué parte de su trabajo ha delegado en una herramienta.

Las continuas conversaciones con vosotras que van surgiendo, me ha llevado a poner en marcha un pequeño gesto que favorezca y apueste por el trabajo personalizado de los textos, que sea capaz de descartar, si nos fuera posible, aquellas obras de pura “fabricación artificial”.

Lejos de tratarse de un problema de desconfianza, sino más bien, lo contrario: confío mucho en el trabajo que llevamos haciendo desde hace una década, para que ahora no quiera proteger a los que sé que realizan un generoso esfuerzo para dar lo máximo de su talento a este concurso. Creo que sería injusto para vosotros si mirásemos a otro lado ante posibles ventajismos.

En un concurso literario no premiamos solamente un texto. Premiamos también el proceso creativo que hay detrás de ese texto, la mirada de quien lo imagina, las decisiones que supone convertir esa idea en una pieza literaria. Y por todo eso, sin pretender demonizar a la inteligencia artificial, tendremos que recordar que si utilizar herramientas forma parte de escribir, decidir qué hacemos con ellas forma parte de nuestra responsabilidad como autores.

Es por eso que desde hoy, en las BASES DEL CONCURSO tendremos un punto 13…

13. Uso de herramientas de inteligencia artificial

Los relatos finalistas ganadores y finalistas de las diferentes convocatorias podrán ser sometidos a herramientas de detección de texto generado mediante inteligencia artificial, con el objeto de comprobar el cumplimiento de las presentes bases. El resultado de estas herramientas no constituirá, por sí solo, prueba determinante de la utilización de inteligencia artificial, pudiendo el jurado realizar las comprobaciones adicionales que considere oportunas cuando existan indicios razonables de generación o reescritura sustancial mediante estas herramientas. La participación en el concurso implica la aceptación de este procedimiento de comprobación.

Me gustaría saber vuestra opinión sobre todo esto. Si os apetece usar la posibilidad de dejar un comentario…

7 Responses

  1. Nuria

    Yo estoy totalmente de acuerdo con ese punto 13 y me parece muy bien que se incluya, pero creo que hay una cosa que también deberíamos tener en cuenta: lo complicado que es saber al 100 % si un texto está escrito con IA.
    Hace poco estuve en una charla sobre inteligencia artificial y arte y, como ejemplo, metieron el Lazarillo de Tormes en uno de estos detectores. Y salió como escrito por IA! 😅
    A mí me pasó algo parecido. Un día, por probar, metí uno de mis relatos, recién escrito y 100 % mío, y el detector me dio un porcentaje altísimo de contenido generado por inteligencia artificial. Después empecé a probar con relatos de la página y me salían resultados parecidos en textos de personas que sé perfectamente que no utilizan IA.
    Mi hijo, que acaba de terminar un máster de IA, también me ha explicado que detectar esto con total fiabilidad es realmente complicado. Eso no quiere decir que a veces no se intuya. Hay textos que repiten determinados patrones, estructuras o formas de expresarse que pueden levantar sospechas.
    Por eso me parece muy acertado cómo está planteado el punto: que el detector no sea, por sí solo, una prueba definitiva y que pueda haber otras comprobaciones.
    Y al final creo que tendremos que confiar también en algo tan sencillo, y tan difícil a veces, como la honestidad y la transparencia de cada uno. Porque saber si alguien ha utilizado IA al 100 % puede ser complicado pero saber si uno mismo está siendo honesto con lo que presenta como suyo, lo es mucho menos.

    1. JAMS

      El matiz de no confiar absolutamente en los detectores es por eso, porque hemos leído que no son fiables al 100 %. Me cuesta creer que tengamos que usarlo, pero creo que un «aviso a navegantes» es lo único que podemos hacer para lo que «todavía» no vemos como «nuestro» problema.

  2. A mí me parece muy bien. Hace unos meses participé como jurado en un concurso de relatos en el que empecé a detectar textos insulsos y patrones que se repetían hasta que caí en que estaban escritos con IA. Me pareció un sinsentido total. Escribir es algo que hacemos como divertimento o, como mucho, como necesidad expresiva. No nos va la vida en ello y desde luego, no nos va a hacer ricos… Por lo menos, ganando este tipo de concursos. A mí el punto 13 me parece estupendo.

  3. Mel

    Me parece muy muy bien. Hoy en día está en todas partes, no podemos ignorarla, pero sí relegarla a su lugar y seguir usando nuestra imaginación

  4. Miguel Ángel Cejudo

    Yo no me complicaría… creo que la IA (de la gran pvta) nunca mejorará nuestros textos.

    Pero añadir el punto en las bases no está mal como elemento disuasorio a no escritores.

    Saludos!! 😉

  5. JM

    Me parece, además de juicioso, un acto de honestidad creativa y de inteligencia. En el certamen YK presentaron relatos hechos con IA y estuve a punto de cancelar la convocatoria.
    Trabajo con IA junto a mis alumnos para impregnarnos de lo que vendrá y sin intención de engañarnos.
    Apruebo la medida

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