Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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ICOSAEDRO (Pablo Cavero)

Bruno ansiaba encajar. Como nunca hacía amigos, se volvió un joven muy hermético. Buscó su lugar en las clases de teatro, pero su voz era plana y se movía como un muñeco de escayola. Probó en el ajedrez y en el yoga: fracaso absoluto. En el taller de artesanía, mientras todos moldeaban vasijas perfectas, él esculpía con obsesión un icosaedro de arcilla negra. Era una inquietante figura de veinte caras asimétricas y aristas afiladas; un poliedro extraño, incapaz de entrar en el rígido molde social.
Su aislamiento lo convirtió en la presa perfecta. El líder de una secta local vio en su obsesión geométrica la llave para doblegar su frágil voluntad. «Tus veinte caras son las verdades ocultas del cosmos», le susurró. Bruno se entregó sin dudar. Rapó su cabeza, vistió la túnica blanca del culto y pronto lo trasladaron a una finca recóndita en la Alcarria, rodeada de cipreses y altos muros de piedra. Allí, incomunicado y lejos del alcance de sus padres, todo intento familiar por rescatarlo fue inútil. Bruno permaneció inmóvil bajo el sol cegador alcarreño, con la mirada perdida en el vacío. Había limado todas sus esquinas para encajar, eternamente, en un altar siniestro.

2 Responses

  1. Sin duda, pocas figuras deben de ser peores de encajar que un icosaedro. De hecho, tu protagonista para hacerlo, no tuvo más remedio que limar todas sus esquinas. La palabra eternamente del final hace pensar lo peor.

  2. Ángel Saiz Mora

    Somos seres sociales, pero a veces no es sencillo encajar en un grupo. Tu protagonista quizá piensa que lo logró, cuando en realidad le están utilizando, anulando un espíritu con falsas premisas de un aprovechado, que sabe detectar candidatos moldeables, acólitos para sus únicos y turbios intereses.
    Un relato muy bien pensado y contado, en el que sí que todo encaja.
    A seguir escribiendo, Pablo.
    Un abrazo grande y suerte

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