23. ICOSAEDRO (Pablo Cavero)
Bruno ansiaba encajar. Como nunca hacía amigos, se volvió un joven muy hermético. Buscó su lugar en las clases de teatro, pero su voz era plana y se movía como un muñeco de escayola. Probó en el ajedrez y en el yoga: fracaso absoluto. En el taller de artesanía, mientras todos moldeaban vasijas perfectas, él esculpía con obsesión un icosaedro de arcilla negra. Era una inquietante figura de veinte caras asimétricas y aristas afiladas; un poliedro extraño, incapaz de entrar en el rígido molde social.
Su aislamiento lo convirtió en la presa perfecta. El líder de una secta local vio en su obsesión geométrica la llave para doblegar su frágil voluntad. «Tus veinte caras son las verdades ocultas del cosmos», le susurró. Bruno se entregó sin dudar. Rapó su cabeza, vistió la túnica blanca del culto y pronto lo trasladaron a una finca recóndita en la Alcarria, rodeada de cipreses y altos muros de piedra. Allí, incomunicado y lejos del alcance de sus padres, todo intento familiar por rescatarlo fue inútil. Bruno permaneció inmóvil bajo el sol cegador alcarreño, con la mirada perdida en el vacío. Había limado todas sus esquinas para encajar, eternamente, en un altar siniestro.


Sin duda, pocas figuras deben de ser peores de encajar que un icosaedro. De hecho, tu protagonista para hacerlo, no tuvo más remedio que limar todas sus esquinas. La palabra eternamente del final hace pensar lo peor.
Se presagia un futuro oscuro. Gracias por leer y comentar, Edita. Saludos.
Somos seres sociales, pero a veces no es sencillo encajar en un grupo. Tu protagonista quizá piensa que lo logró, cuando en realidad le están utilizando, anulando un espíritu con falsas premisas de un aprovechado, que sabe detectar candidatos moldeables, acólitos para sus únicos y turbios intereses.
Un relato muy bien pensado y contado, en el que sí que todo encaja.
A seguir escribiendo, Pablo.
Un abrazo grande y suerte
Buscando relaciones y conexión con otras personas, se topa con un captador de mentes fáciles, en grupo extraño. Asusta pensar que jóvenes acaben en sitios sin retorno. Gracias por tu siempre halagador y amable comentario. Un abrazote, Ángel.
Un relato también poliédrico porque habla de varios temas. La necesidad social de encajar, la fragilidad de personalidad y de cómo las sectas hacen presa en estas personas inseguras y aisladas socialmente.
Un abrazo
Cierto, hay varios temas interconectados. Gracias por leer y comentar, Gema. Un abrazo.
Pobre muchacho, qué lástima que acabara así. Ojalá hubiera encontrado otros icosaedros como él para hacer frente a la soledad. Ya sabes: siempre hay un roto para un descosío.
Un abrazo y suerte.
Sí, quizá si hubiera encontrado a otra persona rara la cosa no sería así. Gracias por leer y comentar, Rosalía. Un abrazo.
Ay, querido Pablo, a qué triste final llevan algunas personalidades singulares, porque siempre hay buitres que rondan sin descanso a las presas más vulnerables que, con frecuencia, acaban cayendo en sus garras. Un abrazo y suerte, guapo.
Buitres siniestros que truncar la vida. Gracias, Purísima, por pasar a leer y comentar. Un abrazo.
Triste relato la soledad la de este joven hermético. Bruno acabó en un convento posiblemente esculpido en piedra… Dejo muchas esquinas sin limar. Enhorabuena, Pablo. Intrigante final.
Gracias, Miguel Ángel, por tu comentario. Dejo un final abierto aunque con tintes oscuros y nada optimistas. Saludos.
Cuando uno siente que desencaja allá donde vaya, sin darse cuenta, se convierte en una presa fácil para los manipuladores. Triste, pero lamentablemente cada vez más real, a pesar de la hiperconectividad con las redes sociales.
Ay, Bruno, Bruno, quién te mandaría meterte en figuras… Y nunca mejor dicho. Los icosaedros no traen nunca nada bueno. Por lo menos en La Alcarria podrá endulzar sus días con la miel del lugar. Toda una biografía en pocas y eficaces palabras. Un abrazo y suerte, Pablo.
Me ha gustado mucho Pablo: la figura metafórica del icosaedro que va aislando al protagonista para terminar devorado por una secta. Que bien conducido hasta el final.
Un abrazo y suerte
La obsesion por encajar llevada al extremo. Asumir nuestras rarezas es complicado pero muy necesario.
Al menos en ENTC estamos bien arropados y nos cuidamos.
Un abrazo, compañero y mucha suerteee
Micro duro con final triste para el personaje, que no encaja, que está perdido, y que es la presa perfecta para este tipo de sectas que lo captan. Al final, el bueno de Bruno, y a pesar de las consecuencias, igual se sintió feliz de pertenecer a algún sitio. Mucha suerte y un abrazo.