49. INVENTARIO (Juan Manuel Pérez Torres)
Acudió a la cita a las diez de la mañana. En la agenda del móvil aparecía como “papá ogro”. Pasó por identificación, reconocimiento y documentación. Después, aceptó hacerse cargo de sus cosas: el móvil, un llavero con llaves, una cartera con documentos, unas gafas de sol, un par de guantes y un casco.
Por un momento, se detuvo a contar las llaves. Cuatro, como los días que llevábamos sin hablarnos, dijo. Firmó la diligencia de entrega.
Entendí que lo único que no figuraba en la lista era lo que de verdad le pertenecía: la última palabra que no le dijo.


Cuántas relaciones se estropean, o hasta se pierden, por reprimir palabras que deberían haberse compartido con sinceridad. Aunque digan qee se las lleva el viento, hay palabras que han de ser dichas, porque están hechas para compartirlas, porque pertenecen a quien las pronuncia, pero también a quien van dirigidas.
Un abrazo y suerte, Juan Manuel.
Uf, terrible inventario el que hay que recoger después de un accidente mortal, y más cuando ha sido tras una discusión.
Un abrazo y suerte.
El nombre de “papá ogro” y ese final con la palabra no dicha nos cuenta lo que no se dice en la historia. Que importantes son las palabras, que a veces dentro de un texto pueden pasar desapercibidas. No es el caso están deliberadamente situadas y llenas de significado porque encierran toda una intrahistoria.
Un abrazo
Una discusión entre padre e hijo, un accidente mortal posterior y el arrepentimiento del padre por lo que no le dijo. Muy triste. Lo que no entiendo es el cambio de persona narrativa en la última frase (“Entendí”).
Solo valoramos a las personas cuando ya no hay remedio.
Ese policía tiene la posibilidad de aprender del error de ese padre, q ni siquiera dijo «Cuidado» a su hijo.
Enhorabuena y suerte
Un micro para pensar en una historia entre el padre y su hijo/a. Hay muchas incógnitas, pero solo una certeza: la palabra que no le dijo.
Conmueve.
Cuantas cosas nos dejamos sin decir en vida con los más queridos. Qué huecos producen. Y no se olvidan nunca. Me ha gustado mucho Juan Manuel. Enhorabuena.