04. KINTSUGI
Ezequiel se escondía en su cuarto. Odiaba las discusiones y temía acostumbrarse a los gritos. Llegó a la conclusión de que sus padres serían felices sin él. No era consciente de que aquella fractura existía desde antes de su nacimiento.
Él solo deseaba que lo abrazaran, sentirse querido.
Una noche, a los gritos se sumó el estruendo de una jarra estrellándose contra el suelo. Ezequiel esperó a que todos durmieran. Después rescató los fragmentos de la basura, uno a uno. Al amanecer, armado de paciencia y determinación, había reconstruido la jarra donde cada día se servía el agua de la familia.
A partir de ese día, decidió esforzarse más. Sacó mejores notas, ayudó en casa y evitó conflictos. Intentó conseguir una mayor armonía, que todos asimilaran el difícil arte de la convivencia.
Con los años, logró que, aunque imperfecta, parecieran una familia: una hermosa pieza recompuesta por delicados hilos de oro. Unida. Útil.
Pocos advirtieron que el oro era Ezequiel.


Cuando algo falla, siempre hay responsables que, sin embargo, no siempre asumen su culpa.
Cuando algo funciona o, más difícil aún, se repara, siempre hay alguien detrás, a quien no siempre se reconoce.
Un relato muy positivo, una filosofía de vida milenaria que, con la buena voluntad de buenas personas, puede adaptarse a cualquier organización humana.
Un abrazo y suerte, Marca ¡campeón!
Gracias por tu comentario, Ángel, campeón!!
Es cierto que esta filosofía se puede adaptar a muchas «cosas» rotas!!
GRACIAS!!
Abrazo!! 😉
Es triste que Ezequiel asuma una culpa que no es suya, pero aun así consigue cambiar la realidad. Debemos aprender a valorar a las personas como Ezequiel, a menudo son invisibles.
Un abrazo y suerte.
Gracias por tu comentario, Rosalía!!
Pues sí, hay mucho oro invisible!!
Un abrazo!! 😉
Pobre Ezequiel. Se siente culpable sin tener culpa alguna. La oración final es mortal.
Muchas gracias por tu comentario, Edita!!
A veces no vemos el oro… creemos que las cosas suceden porque sí…
Un saludo!! 😉
Supo adaptarse a un medio hostil y consiguió sobrevivir. Muy ejemplar tu relato.
Muchas gracias por tu comentario, Rosa!!
Pues sí, más que adaptarse, supo crear un mundo… uniendo trozos!
Un saludo!! 😉
Pobre Ezequiel. Pese a que logra algo dificilísimo, me parece que no le correspondía esa misión.
¿ Cuánta gente hay que toma esas responsabilidades? ¿ se les reconocerá su heroicidad?
Me gustó la idea del punto de vista que has cogido.
Un abrazo y suerte
Muchas gracias por el comentario, Hugo!
Tienes toda la razón. Normalmente quien tiene más culpa, menos hace, o menos lo reconoce.
Recibe un abrazo! 😉