88. La forma de hacerte daño (Jesús Navarro Lahera)
Te llama cuando entras al ascensor, y entre las voces entiendes que te pregunta si te queda mucho para llegar a casa. Le contestas que no, que estás subiendo, y entonces te corta. Ya en la séptima planta, te cuesta meter la llave en la cerradura, y nada más abrir la puerta arrugas el gesto ante el olor a tabaco. Te quitas los zapatos de tacón y cuelgas el abrigo en la percha. Miras hacia la cocina, donde compruebas que sigue la taza de café que te has bebido esta mañana. También hay una caja de pizza en el cubo de la basura, alrededor del que ha vuelto a tirar un montón de cáscaras de pipas. Recorres el pasillo, evitando pisar la ropa interior que un día más ha dejado por ahí para que tú la recojas. No te sorprende encontrar en el salón su teléfono, el cenicero repleto de colillas ni la tele puesta, como siempre a todo volumen, pero sí que la puerta de la terraza esté abierta. A ella te diriges, conteniendo el aliento, y una vez fuera, al no verlo, te asomas a la calle y sueltas el aire de golpe al descubrirlo en la acera.


La forma de hacerle daño es haciéndose daño a sí mismo, y de forma irreversible, además… Tremendo micro, Jesús, con el desorden como nota anticipatoria de lo que ella va a ver desde el balcón…
Tremendo, pero muy bueno.
Un beso grande,
Mariángeles