Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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10 La rata (Marisa Martínez Arce)

La perseguí durante dos días. Los mismos que llevaba en la casa. Jugó conmigo hasta conducirme a la habitación de mi abuela. Estaba igual que cuando nos dejó. Sobre el comodín la caja que nunca me dejó tocar, seguía cerrada. Profané su intimidad buscando la llave. La encontré en un joyero que guardaba en el armario. La abrí, dentro encontré fotos y un montón de cartas, algunas amarillentas, atadas con un elástico que saltó en mil pedazos en cuanto lo toqué. Tomé una al azar y la leí. Me sorprendió la fecha, pero ver en ella el nombre de mi madre, más. Entonces, yo tendría doce años. ¿Cómo podía estar firmada por ella? Según mi abuela, mis padres murieron en un accidente de automóvil al poco de nacer. Continué leyendo. ¿Seguía viva? Tenía la prueba en mis manos y su dirección en… ¿un convento? Preguntaba por mí, estaba orgullosa de su niña, de lo guapa que estaba, agradecía las fotos. Su última carta decía: «Me arrebataste lo que más quería. Me encerraste, inventaste todo para evitar habladurías. Ella se enterará. Como yo, jamás te perdonará. ¡Madre, al contrario que tú,  estoy orgullosa de mi hija!»

 

4 Responses

  1. Aurora Rapún

    Me ha parecido muy ingenioso que sea una rata la que lleve a tu protagonista a descubrir un terrible secreto y cómo acaba sirviendo para encontrar el amor de una madre. Mucha suerte, un abrazo fuerte.

    1. Paloma Hidalgo paloma.h.d@hotmail.com

      De rata a rata y tira porque le toca descubrir su origen¡ muy efectista ese título para esta historia.
      Mucha suerte.

  2. Ángel Saiz Mora

    La verdad siempre acaba por abrirse paso, solo es cuestión de tiempo. Ha sido un roedor el detonannte, pero podría haber sido cualquier otra circunstancia la que hubiese conducido a esta joven a conocer su verdadera realidad, o, más bien, la que podría y tendría que saber sido: la conciencia de que tiene una madre, aunque carezca de un padre reconocido, como también que las habladurías, el «qué dirán», importan demasiado, tanto que han sepultado la imprescindible relación entre madre e hija. El tiempo perdido no se puede recuperar, pero ya nada volverá a ser lo mismo tras la revelación de unas fotografías que no mienten.
    Un relato sobre la importancia de las imágenes, las mejores pruebas para sacar a relucir momentos que quedaron ocultos, a la vez que inmortalizados.
    Un saludo y suerte, Marisa

  3. Ese título es genial dado que lo aplico al roedor y a quien ocultó un hecho tan sublime como ser madre, una hija que se reencuentra con la realidad que le ocultaron.
    Me pareció genial Marisa.
    Un abrazo y suerte.