Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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15. LAS VENTOSILLAS (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Poco se imaginaban aquellas hermanas casaderas, Carolina, Casilda y Casta, las tres Kas, como las llamaban en el pueblo, que aquel Domingo de Ramos cambiaría sus vidas.

Juntas, joviales y del brazo entraron en la iglesia. Iban de estreno, que a quien no estrena nada en Domingo de Ramos se le caen las manos. Un largo velo de encaje la Casta, zapatos de tafetán negro la Casilda y un chal de entretiempo la Carolina. Al Oremus, mientras Don Severino abría sus manos vuelto a la feligresía, que se levantó de sus bancos, y una vez cesado el ruido de telas y bancadas, las ondas de un sonoro cuesco atravesaron la nave central. Alguien dijo que incluso se oyó el eco contra el retablo. Por mucho que Casilda tratase de mover el reclinatorio con sus tafetanes, para enmascarar con otro ruido el que de sus púdicos tafanarios había salido, la peste a lentejas de Mayorga digeridas no pudo disimularse con el olor a incienso que hasta ese momento envolvía el templo tras la bendición de los ramos.

No salieron a comulgar.

Las Ventosillas, que así las llamaron desde entonces, solo pudieron salir de detrás de sus visillos cuando emigraron a Palencia.

10 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Los pueblos, con sus dimes y diretes y sus qué dirán, dictan leyes inmutables. Un mote o apodo no puede cambiarse fácilmente una vez establecido, como si estuviese grabado en mármol, salvo por otro aún más jocoso o incluso humillante, como es el caso de estas tres hermanas inseparables, cuyo desliz en público de una de ellas arrastró a todas poco menos que al exilio.
    Un relato en el que la confusión y la humillación se dan cita en una escena divertida, salvo para esas tres hermanas, un poco menos casaderas desde el suceso. Estoy casi convencido, además, qué, conociéndote, algo de suceso real hay en esta historia.
    Un abrazo y suerte, Jesús

  2. Pobres hermanitas «Ventosillas», creo que se curaron de espanto y una de dos: o ya no vuelven a misa o nunca más, en lo que les quede de vida, vuelven a probar las lentejas…

    Un evento involuntario, muy desafortunado para las casaderas y muy, muy jocoso para el lector… ¿Será como dice Ángel, que esta historia tiene un trasfondo verídico?

    Me hiciste reír, Jesús.
    Muy buen micro.

    Cariños,
    Mariángeles

  3. Un tal miguel

    Que conste que te estás librando de esa ley implacable que trata de la protección de datos. Tus pobres primas no fueron al psicólogo que me atendió y que repetía frecuentemente que tenía que pecar de vez en cuando. Ese fue un consejo personal e intransferible salvavidas que lo he cumplido a rajatabla. Y sí es cierto; muchos destinos se han trastocado por culpa de asuntos menores como unas lentejas. Seguro que, en su interior, repitió la famosa frase “tierra trágame”. Pero tragárselas y aparecer en Palencia se puede considerar milagro, tanto comulgando como sin comulgar.

  4. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    Miguel, si fueron primas mías no lo sé, supongo que en alguna generación las expulsaron de la familia. El problema es que no tuvieron otra vergüenza, la que llaman torera, para salvar el trance. Sociedades pacatas y crueles.
    Gracias Miguel.

  5. CALAMANDA NEVADO CERRO

    Jesús Alfonso, cuantas situaciones parecidas se han sufrido enlos lugares pequeños por prejuicios sociales. Curiosa y cruel tu historia. Suerte y saludos

  6. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    Gracias Cala. La crueldad se regodea con los indefensos. Tema para filandones en los pueblos de León. Luego, salen las navajas.

  7. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    Como siempre muchas gracias Ángel. Si non e vero e ben trovato. Algo oí en mi niñez de un suceso parecido y el mote de ventosillas aprcó en mi magín.

  8. Qué grandes momentos de hilaridad y vergüenza han provocado las bienaventuradas ventosidades y qué eterno San Benito para quien las dejaba explayarse en público. Preguntaré a mi madre palentina si las conoció en sus tiempos mozos. Me ha encantado la narración y la estructura de la historia. Abrazos y suerte.

  9. Jesús Alfonso Redondo Lavín

    Gracias por tu comentario Rafael. Mis ancestros son de Cevico Navero y lo único que puede ser cierto es el apelativo «ventosillas» así que el evento pudo ocurrir por el Cerrato palentino o sus pueblos fronterizos.

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