Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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71. Mi primera lectura de enjundia

En la casa que erigieron mis bisabuelos había candelas por si se iba la luz, aunque ya hacía muchos años que eso no sucedía.

A mí me gustaba prender una cuando me acostaba. Así instauraba un clima especial antes de aferrar entre mis manos esa osadía en papel que encontré rebuscando por la habitación, la que fuera de mi padre.

Tenía ya mis páginas preferidas e iba de unas a otras en la secuencia que había comprobado más efectiva. Mi mano izquierda era solo de sujeción y la derecha de ritmo.

Faltando poco para la explosión, se abrió la puerta sin previo aviso. Era el abuelo. Se le había ocurrido darme las buenas noches. Así, sin más.

Supe que mis mejillas se desplazaban a un rojo intenso, pero quise suponer que la poca luminosidad ambiente conseguiría que no se percatara, aunque no pude evitar que mi entretenimiento cayera sobre la colcha con la portada hacia el techo.

Me dijo, con circunspecto semblante, que no creía que eso fuera adecuado para mi edad. Luego me dio un beso en la frente antes de que se le escapara esa orgullosa sonrisa porque su nieto ya tuviera interés por leer a Nabókov.

 

 

 

1 Respuesta

  1. Ángel Saiz Mora

    Posiblemente el abuelo vivió antes con su hijo una escena similar a la que ahora experimenta con el nieto. Ya se sabe, de tal palo tal astilla y, en medio, el orgullo de que la posible falta venga de las manos de un libro; por pecaminoso que se pueda considerar, que todos los males sean como leer «Lolita».
    Un abrazo y suerte, Javier

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