74. MISIÓN IMPOSIBLE
El comisario no lograba entenderlo, tampoco los bomberos ni los médicos. Al preguntarle si se encontraba bien, cerró el puño y levantó el pulgar. Al indagar sobre la edad, mostró los cinco dedos de una mano y dos de la otra. Tras entregarle al niño una botella de agua, este les narró lo sucedido.
—Me desperté con mucha tos. Tenía la boca seca, igual que SuperMika en el desierto de Egipto. —Subió las cejas—. Grité, pero ninguno me oyó. Me bajé de la cama, entré en el salón y vi humo. —Se estiró la cara—. Los dos dormían en el sofá y no se despertaban. Abrí la puerta de casa. Coloqué la manta en el suelo, empujé a mi mamá y con mi superfuerza la saqué al jardín. —Flexionó el codo—. Luego a mi papá y, como tenía mucha sed, llamé al timbre de mi amiga Pili.
—¿De dónde te vino la idea de salvarlos con una manta? —preguntó un sanitario.
El niño redondeó los ojos y soltó:
—Tienes que leer a SuperMika.


Valiente, ingenioso e imaginativo. No es posible que perdamos todo esto cuando crecemos. Por dios que no se hagan mayores!!!
Para que luego digan que leer literatura de fantasía, o cómic, es perder el tiempo. Una superheroína puede ser de lo más inspiradora. Imaginar que lo imposible puede ocurrir, más aún por una buena causa, hace que la imaginación se convierta en una herramienta poderosa y hasta factible.
Un relato muy simpático e imaginativo, una actuación heroica y poaible, y una invitación a la lectura.
Un saludo y suerte, Julia
Qué bueno, los libros como alimento para la imaginación. SúperMika o Los cinco, comidita rica.
Un abrazo y suerte.
Los libros son fuente de muchas cosas y con ellos aprendemos, soñamos, imaginamos y hasta podemos salvarnos como hace tu protagonista.
Un abrazo
Estupenda e imaginativa idea la de poner la fantasía de los libros infantiles al servicio de la vida práctica.