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El murmullo del agua allá en el arroyo claro me arrulla cada noche cuando me acuesto. Me adormece y me susurra una canción de cuna.
Las hojas de los eucaliptos, los robles, las encinas y las hayas, todas a una se mecen a merced del viento fresco en una noche de verano. Ellas parece que concilian el sueño, al igual que el resto de los mortales bajo el mismo manto de estrellas. Se arrullan, se mecen, se acunan, se duermen.
Bajo ese techo de estrellas todos reposan y el bosque guarda silencio. El silencio de la naturaleza: el silencio de las lechuzas, los topos, los grillos y los lobos. El silencio del arrollo que canta incesante una misma nana para todo el bosque. Animales, arbustos, árboles y piedras escuchan entre susurros el cántico adormecedor del agua.
Las estrellas aun tan lejanas conforman un elemento más del bosque, de la noche y del verano. Son ellas las que nos arropan a todos por igual, protectoras desde el cielo azabache, desde ese techo que nos cobija a todos. Y todos, bajo un techo de estrellas, ya dormimos.
Victor se bajó del coche mirando con curiosidad a su alrededor, todo le parecía mucho mas pequeño , diferente, lo que percibía no tenia mucho que ver con lo que recordaba .Hacía ya demasiados años, una sombra de desilusión recorrió su frente
Sin pensarlo dos veces soltó la mochila en la puerta de la cabaña y salio corriendo hacia el bosque como alma que lleva el diablo.
Apartaba las ramas con la mano, alguna le daba en la cara pero no le importaba , él tenia que verlo con sus propios ojos, tenía que asegurarse de que aquello que vio tantos años atrás y que tantas veces aparecía en sus sueños no fue un sueño si no que fue algo que existía y esa era su meta, encontrar aquella hermosa imagen .
Sin saber como, se encontró en un claro de bosque, paró en seco, ¡ allí estaba !¡ si ! ¡era cierto!¡ existía! .
En medio del verde bosque había un árbol ROSA, hermoso, brillante, con luz propia, era una imagen fantástica e increíble y él la vio el día que se perdió en el bosque cuando tenía dos años .¡ Era un cerezo en flor!.
Salimos a dar un paseo después de cenar. Hacía una noche fabulosa. Una suave brisa acariciaba la cara, la luna enorme brillaba majestuosa y un fantástico cielo estrellado nos indicaba que aquella noche no la olvidaríamos jamás. Caminamos en silencio, escuchando los sonidos del bosque. Grillos, lechuzas e insectos nos saludaban a nuestro paso. Era un espectáculo apoteósico, ¿para qué estropearlo pronunciando absurdas palabras? Nos miramos a los ojos. Le sonreí, le acaricié el pelo con una ternura inusual en mí y lentamente la besé en los labios como jamás lo había hecho. Me miró sorprendida y prefirió no hacer preguntas. Disfrutó el instante. Creo sinceramente que estaba siendo el encuentro más excitante en veinte años de matrimonio. Pero había llegado el momento. Saqué de mi bolsillo interior el cuchillo cuidadosamente escondido y se lo clavé en el abdomen mientras le tapaba la boca. Dos, tres, cuatro veces. Sus ojos trataban de encontrar una
explicación en los míos, pero yo los rehuí. Ya tendida en el suelo le hundí el cuchillo en la espalda varias veces más hasta que dejó de respirar. Entonces fue cuando llegué al orgasmo. Por fin. Tuve que matarla para conseguirlo
Sgraaaa araa
Straa Araaaa
Hundraaaaaaaa
Esos sonidos, casi murmullos imperceptibles, llegaron a los oídos de Jackie O’Neill. Él transitaba por el camino del pueblo, alejándose de las casas circundantes hasta el brumoso bosque de “Old Tree”. Aquellos susurros provenían de la espesura. Jackie sabía que no debía hacerlo, porque según decían los pueblerinos, el bosque estaba maldito por una bruja y cuando se entraba ya no se podía salir. A pesar de ello, el joven se arriesgó a adentrarse.
Cuando atravesó los primeros árboles, su oído se enfrento por segunda vez a las tenues melodías que había escuchado. Entonces el tiempo se paró. El muchacho miró a su alrededor y no vio luz por ningún lado. Se había perdido. Palideció, e instantes después oyó una risa perversa y maléfica que resonaba por todo su ser hasta decir basta. Jackie corrió y corrió pero cuanto más lo hacía más oscuridad se cernía ante sus ojos…
Lo último que se supo de Jackie O’Neill es que fue a dar una vuelta por las afueras del pueblo y que desapareció. Si alguien sabía más, ese alguien calló para siempre…
Como tantas veces intuimos, cualquier realidad supera la ficción. Por Septiembre de 2011, nos sorprendió aquella fascinante historia de Ray. Aparecido en Berlín tras sobrevivir cinco años por los bosques centroeuropeos. Extraviado y lejos de la civilización. Sobre el tintero queda la supuesta muerte accidental de Ryan. El padre cayó despeñado, intentando coger leña para combatir ese enloquecedor frío intenso en el parque nacional de Bavaria. El muchacho lo quemó, enterrándolo bajo unas piedras. Habían subsistido comiendo pequeños mamíferos, roedores, setas y lo que la naturaleza les brindaba ante condiciones extremas. La policía internacional sigue investigando el extraño caso del muchacho británico que hablaba con dificultad el idioma local. Ray, ayudado de una brújula, completamente solo, decidió caminar hacia el norte como le indicó su padre antes del fatal desenlace. Desde íntimo duelo de amnesias y silencios, relata también la supuesta muerte de su madre, Doreen, en un accidente de tráfico como causa original de incitarlos perderse por esos emblemáticos parajes. Después de empaparme tantas noticias, esa noche soñé que un caníbal de pelo pajizo, me devoraba las entrañas.
Jamás se atrevió a contar a persona alguna, lo que le sucedía.
Su corta edad, su inexperiencia, la ausencia de su madre, la obligó a no confesar lo que iba a buscar cada día, en medio del bosque.
Ella siempre se sintió parte de él. En sus momentos difíciles o cuando alguna esporádica alegría la invadía, se escondía en el bosque, sola y buscando la protección que no encontraba en su hogar.
Se sentía acompañada por cada árbol, pájaro o animalito que se le cruzaba en el camino.
El día que su padre, feroz, la golpeó una vez más, huyo a su refugio y una voz la recibió, amparándola.
No veía a nadie, pero la voz que escuchaba le llegaba nítida, como una caricia suave, para su alma lastimada.
Busco a su alrededor la presencia de alguien, pero solo un búho dormido y algunas mariposas, le hacían compañía.
Pensó que no podía ser real, que alucinaba, cuando la voz le aseguró que la custodiaría siempre y la conduciría hasta la felicidad total, junto a su madre.
La púrpura del cielo se ocultó en el horizonte y los párpados de la niña se entrecerraron, llamando a las sombras.
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