Bienvenid@s a ENTC 2026
Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones.
Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más.
Bienvenid@
Hacia solamente dos días que habían llegado en este pueblo y sus padres, después de haberla recomendado seguir las señales de colores marcados sobre rocas o árboles, la habían dado permiso para pasear en el contorno.
Mil ideas fluidas repletas de alegría bailaban en su cabeza tal millar de mosquitos encima de un charco. Andaba cabeza erguida hacia las cimas de los árboles que parecían manos dibujando sobre el cielo pergamino caligrafías y dibujos y llamándola para descubrir un mundo encantado. El follaje era tal mantilla de encaje recortado sobre una vidriera y el sol multiplicado en pecas rojizas estaba sembrado en el sotobosque.
Pronto la pareció oír su nombre repetido por el eco, y múltiples pajarillos de colores empezaron a revolotear alrededor suyo en marea rumorosa entre piares desgarradores o arrullos prometedores.
…Pero poco a poco se olvido de seguir las señales, se dio cuenta a tiempo, e inicio la vuelta más atenta en reencontrar su camino y la alivio reconocer la avenida de plátanos que se daban la mano encima de su cabeza y estos cipreses que rezaban en las esquinas del gran muro de piedra.
Como crujen las amarillas hojas que despoblan los árboles en el otoño de lluvia. Crujen ante las pisadas impolutas de seres que no sienten nada. Pisan sin mirar, atenazados por el ímpetu de su marcha en ciudades de frías rutas, sin direcciones concretas. Se cruzan los seres, no se miran, no se saludan, sólo saben que caminan sin destino ni rumbo deseado, ¡inapelable fin de sus vidas! Y en los árboles las palomas observan, blancas nubes de sabores, el contoneo de las muchachas jóvenes, el deseo de los muchachos, a los mayores que orientan sus pasos hacia bancos vacíos de parques amarillos. El futuro es presente, caminos continuos sin sendas escritas.
Marita, sentada sobre un peñasco a la orilla del mar, desagota en lágrimas silenciosas su pena por la ilusión perdida.
Cada embate de las olas contra la playa esplendente, le despierta un recuerdo.
Así aparecen en su mente los bosques que deberían lucir a su espalda y que tanto alegraron su infancia lejana.
Se ve pequeña, acompañando a papá y mamá en las habituales excursiones domingueras…revive el júbilo con que se internaba en esa catedral umbría en la que apenas se vislumbraba el cielo entre las ramas cimbreantes; sigue el trazado luminoso de los insectos en vuelo; escucha el concierto sincopado de los pájaros ocultos en lo alto…
Vuelve al ahora.
Pasaron demasiados años hasta que regresó a la costa querida, para revivir esos momentos.
Gira el rostro mojado hacia el interior. La majestuosa cortina verde ya no se alza allí: cientos de casas veraniegas la reemplazan.
¿No podría haberse protegido esa belleza desaparecida ante la acometida desmesurada del urbanismo salvaje?
Marita hunde nuevamente su mirada en el mar infinito. El sigue imperturbable. Ruega al Creador por más racionalidad entre los hombres. Acompañamos su ruego.
Todos decían «¡está muerto, el bosque está muerto!»
Pero el bosque solo estaba callado.
Estaba callado porque estaba solo, sin más bosques vecinos, lo habían aislado dentro de una ciudad. Era una isla en medio de un océano humano. Habían calculado unos metros cuadrados de zona verde y lo usaron a él como parque. Ahora está rodeado de edificios, de calles, de tráfico, de basura. Ahora ya no es un bosque, es una mera superficie medida en metros cuadrados, un recinto para que la gente pasee con sus hijos.
Terminaron los cursos y con el dinero que nos sobro de aquel maravilloso paseo a Paysandu decidimos hacer una reunion en la casa de Diana.
Almorzamos en el parrillero un asado con ensalada y helado de postre. Luego …….que brillante idea,,, cruzar al monte de enfrente , rodenado el lago a finalizar la jornada. Nunca olvidare esa tarde. Eramos unos quince muchachos, ya han pasado mas de treinta años y aun escucho sus risas. Buscamos el arbol mas tupido y un eucaliptus con raices generosas nos llamo a sentarnos bajo su perfume de frutitos secos y hojas plateadas que nos recibieron asombrados de que este grupo interrumpiera el gran silencio. Llevabamos una guitarra que nadie sabia tocar bien y empezamos a querer cantar a querer sonar … Horas largas hasta el anochecer riendo y mal entonando canciones a medias……..nada mas hermosos en mis recuerdos de la adolescencia,….nunca mas volvimos a vernos.
Ya no soportaba el dolor, los medicamentos no servian para nada pero nadie lo entendia, a ella le dolia el alma, la tenia rota desde hacia unos meses, desde aquel dia en el que su hermana la llamo para comunicarle la muerte de su abuela. Era mayor y tenia Alzheimer, era logico pues, pero no por ello dejaba de ser doloroso. Tenia que marcharse, buscar un lugar para enterrar alli su dolor. Y de repente se acordo, iria al bosque rosa, aquel donde los arboles daban hermosos frutos, donde las flores eran de mil colores, donde los animales vivian sin preocupaciones, si, el bosque rosa. Donde nunca pasaba nada malo, el protagonista de las historias que su abuela la contaba de niña y del que solia hablar cuando la enfermedad ya habitaba en su cuerpo. Si, eso haria, iria y enterraria bajo un arbol rosa toda su pena y asi podria contarle algun dia a sus hijos los mismos cuentos que a ella le contaron, recordando a su abuela con amor y paseando con ellos por sus prados, eso si, prados rosas.
Érase una vez un camaleón de Madagascar al cual le encantaba viajar.
Con mucha ilusión llegó a España y, por su afición a los bosques, se decantó por el Norte alojándose en casas rurales lo que le permitía vagabundear a su antojo y convivir con los habitantes de los pueblos.
Como era un buen deportista, en los bosques saltaba de rama en rama, tan pronto se transformaba así en corteza plateada de abedul, que en hoja cobriza de plátano.
Según si el sol pasaba a través del follaje de una acacia o de un sauce podía tener pecas morenitas o estar cebrado de relámpagos.
Le gustaba también deslizarse en un rayo de sol sobre el musgo fresco, volviéndose de un verde acido dorado y, apañándose bien, hasta conseguía tener una espina dorsal dorada tal dragón de leyendas; también, frotando de su cola y patas el polvo de los caminos, al entrar en tal nube revestía un traje de lentejuelas tal un príncipe seductor…
Así disfrutaba locamente de la naturaleza probando sus múltiples ropas de fiesta.
En efecto nuestro camaleón estaba siempre dispuesto a descubrir el mundo y, además, estaba predispuesto a sentir empatia con todo ser viviente…
Hoy, la tierra del bosque se ovilla y desdibuja contornos mientras el sol avergonzado sólo se espeja en el ramaje que murmura.
Los árboles se rinden ante las guadañas, ante figuras terrestres que con manos impiadosas ciñen libertades y clausuran vuelos.
Parece que ya no hay pájaros…agonizaron sus gritos y sus aleteos.
El viento peina la sombra envejecida de un hombre desdeñado que con el cuerpo vencido pisa los restos de su suelo.
Detrás de él, las astillas del rancho que hasta ayer fuera su único techo.
Pero no intenta mirar atrás…¿para qué? si él siente que ya no hay nada, ni siquiera pájaros…porque ellos ya no se ven, ya no se escuchan. Seguro…con su tristeza ya remontaron vuelo.
Apenas la vio esa tarde en el bosque, sintió que el deseo fluíapor su sangre como un veneno, espeso, doloroso, letal…, tan fuerte que creyó que derretiría sus huesos viejos.
La joven estaba bañándose en el río. El agua cristalina se deslizaba por su cuerpo desnudo.
Se acercó despacio, sigiloso, atento al rumbo del viento para que no lo delatase. Se desabrochó la camisa lentamente, saboreando de antemano aquel cuerpo libre, mojado. Se sacó el sable y las botas gastadas, las dejó con el resto de sus pertenencias cerca de una madriguera, invisible a sus ojos.
Caminó desnudo, con su hombría palpitante y su boca jugosa, preparada para recorrer ese cuerpo.
La tomó por sorpresa. No le dio tiempo ni a emitir un gemido. Fue presa fácil de su deseo. La dejó inerte en la orilla. Una expresión de complacencia acusaba su rostro.
No alcanzó a darse cuenta de dónde provino el ataque. Fue sorpresivo, rápido, inesperado…
Los encontraron en el bosque. Ella cubierta de sangre, él, con el corazón arrancado de un zarpazo.
Andrea, solo entendía a sus diez años que nadie la escuchaba, ni entendía. Su padre se separó de su madre y de ella, cuando no sabía caminar, nunca más lo vió. Su madre trabajaba todo el día y los fines de semana. Ella, por supuesto reivindicaba la situación, pero su madre, como siempre (a sus ojos) no tenía tiempo. Ese fue el verdadero motivo para que Carlotta, su madre, buscara el sitio más recóndito que podía, prefiriendo la soledad para pasar dos días con su pequeña. Siendo de Canarias y estando en el mes de marzo, buscó en la Península un lugar diferente, rodeada de un bosque lleno de abetos enormes, donde el camino serpenteante, terminaba en una casa de madera preciosa. Entremos le dije, mientras la cogía por la mano. El frío, era tremendo, pero el calor humano, que necesitábamos las dos, lo difuminaba. Mi felicidad era la suya. Oíamos en la noche iluminada por una luz preciosa que nos regalaba la luna el silencio, algo que nos inquietó, al no estar acostumbradas. Pero la sonrisa de las dos, reflejaba la felicidad de estar juntas. Que importante era el tiempo incluso a los diez años.
Nada mas complicado que estar solo y no entender la soledad.
El vaivén de tus hojas verdes provocaba la caida de tus hijas secas. Y daba soledad.daba una lluvia de pesados olores a soledad.
El clamor de la tierra no te importo y dejaste que el suelo seco y crujiente sufriera.
Cuanto tiempo podre estar sin ti? Canto de pajaros resignados que me burlan y suenan en su monotona cantarola…al menos hoy . Solo por hoy me aburren y me entrego a la sorna y al desden.
La soledad es contagiosa e infecta mi mundo verde .quiero ser feliz pero no quiero perder esta maravillosa sensacion de austeridad social y emotiva…dejame sufrir con tus hojas que caen vencidas por el viento y en su suave cadencia me duermo sin pensar en ti.
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