Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
1
4
horas
0
4
minutos
3
2
Segundos
2
1
Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

50. DONDE SE QUEDA LA BLANCA INOCENCIA (Nani Canovaca)

De pequeña rompí el búcaro al que mamá tenía tanta estima. Al asustarme, me obstiné en recoger los trozos de cristal pintados y meterlos en una caja. Cuando llegara mi hermano le pediría que los pegara, así no lo notaría; pero con tan mala fortuna que me corté y además de enterarse, hubo que ir a urgencias donde me dieron tres puntos de sutura.
Allí mamá percibió mi miedo al ver sangre y aguja y para quitar importancia dijo con ironía: ¡Gracias al cielo que no tienes sangre azul y es roja como la de todo buen hijo de vecino!
Entonces pregunté: “¿Mamá, la sangre de esos chicos que vimos en la tele que venían en pateras la tienen también roja?
─ Sí, ─dijo mamá.
─ ¿Y la de los niños que hay en esas alambradas que pusieron?
─ Claro, todos los seres humanos tenemos la misma sangre, ─volvió a responder.
─ No entiendo entonces ese titular que hay ahí en esa pared.
Mamá levantó la mirada y leyó en voz alta:
─ “El dolor del blanco no es más dolor. Aquí curamos al ser humano”.
Vi lágrimas en sus ojos y supe que no era por mi herida.

49. COLORES (Rafa Olivares – EdH2019)

Desde que creamos el equipo, hace ya dos temporadas, Javito no había faltado a ningún partido ni entrenamiento. El jueves fue la primera vez. Él era quien custodiaba la llave de la hucha comunitaria. En ella se guardaba la recaudación por las sanciones derivadas de ausencias injustificadas, retrasos, insultos y otras faltas de comportamiento. Su finalidad era, habitualmente, hacer una merendola al acabar el campeonato. Al no estar Javito con la llave, el defensa central propuso probar a abrirla con una ganzúa. Al segundo intento el cierre cedió liberando su carga: ochenta y siete euros con sesenta y cinco céntimos. Discutimos entonces si comprar un balón del Barça o una bandera culé, pero finalmente ganó la opción de una zamarra azulgrana, con su nombre grabado en amarillo a la espalda, sobre el número diez, el de Messi, el ídolo de todos. No quedó mal al día siguiente, sobre su féretro ominosamente blanco.

 

48. MANCHAS BLANCAS EN LA SOMBRA

Mucho antes de que su vida se convirtiera en penumbra por la complicidad de su pasado hereditario, recordaba -con la ayuda de esa molesta aliada en la que se convierte a veces la memoria – la mezcla de colores que tapizaron su existencia, semejante a ese jardín holandés del que olvidó su nombre, pero no el aroma que sus flores multicolores destilaban y tampoco el espectáculo que producía en la retina de cualquier visitante que preciara la belleza natural.
Añora aquel flirteo visual y lamenta no haber dado a cada instante de su vida el espacio que merecía. En la soledad de su alma, “ve” sus días teñidos de herrumbre y evoca a aquellas fingidas amistades que transitaron su mundo, ausentes ahora o con la presencia justa para aliviar sus conciencias. Piensa que antes de padecer su malformación visual, sufrió una ceguera peor: aquella que le impidió elegir bien a sus amigos.
Batas blancas, níveas sábanas y paredes de un blanco puro acogen su oscuridad, aunque su retina imperfecta no cesa en el intento de buscar un aliado que cruce la frontera de la oscuridad y lo acompañe en este largo peregrinaje hacia el encuentro de la luz.

47. La importancia de finalizar a tiempo un cuento (María José Escudero)

Tropezó con él a la salida de un Taller de Escritura y surgió, de inmediato, un sentimiento vivo, una instantánea atracción. Y como ambos tenían prisa, el noviazgo duró poco, aunque no estuvo exento de momentos mágicos, de escapadas románticas y de alguna pequeña discusión. Pero al cerrar la puerta de la suite nupcial, tras el banquete de boda, él, transmutado, reclamó protagonismo y ella, desconcertada, recibió el primer insulto seguido de un bofetón —por el escote, por el maquillaje y por con quien bailó—.

Después del llanto y las disculpas, él se quedó dormido y entonces fue cuando ella se despertó: Aquello ya no era un binomio fantástico y en nada se parecía a un relato de amor. Desencantada, repasó sus apuntes vitales, y recordó que no estaba dentro de sus planes ser una cifra estadística ni cinco minutos de silencio en una plaza Mayor. Y haciendo un ejercicio de estilo, resolvió saltarse el nudo de la historia, se cubrió con unas gafas oscuras la penosa introducción y, para precipitar el desenlace, recogió el vestido blanco del suelo—porque hasta el mejor escribano echa un borrón— y bajó a pedir un taxi urgente al mostrador de recepción.

46. Fenomenología del espacio-tiempo en manuales de Física Cuántica

Poco después de que mi mujer haya salido de casa cierro el estudio Relativismo espacio-temporal en Física Cuántica, cuyas leyes tan peculiares acabo de desenredar, y entonces veo que de sus páginas sobresale una estrecha y delgadísima cinta negra.

Al tirar de ella me doy cuenta de que son las fórmulas y los enunciados físicos que contiene, y que he provocado, por inercia, que vayan descosiéndose del mismo, mientras oigo cómo mi mujer entra en casa y me grita un «!ogeul atsah¡», antes de seguir caminando de espaldas por el pasillo. Me quedo tan aturdido que no logro moverme hasta que me asusta el llanto de mi hijo, casado hace más de dos años, cuando lo escucho berrear desde su cuna. A toda prisa recojo la maraña formada y la embuto como puedo entre las hojas ahora en blanco del libro, confiando en los principios inquebrantables de la física para que todo vuelva a la normalidad.

Sin poder reprimir un último escalofrío compruebo aliviado que mi mujer no está en casa, cierro el estudio Relativismo espacio-temporal en Física Cuántica, cuyas leyes tan peculiares acabo de desenredar, y entonces veo que de sus páginas sobresale una estrecha y delgadísima cinta negra.

 

45. El comienzo de la creación (Aurora Rapún Mombiela)

Ceño fruncido, puñetazo en la mesa. Caperucita roja camina confiada hacia casa de su abuela mientras el lobo se oculta tras el tronco de un árbol. Colillas humeantes aplastadas en el cenicero. Ulises intenta en vano desatarse del mástil cuando escucha el canto irresistible de las sirenas. Minas partidas con rabia. Anna Karenina vive hastiada una vida gris hasta que Vronski irrumpe en ella. Así empiezan todas las historias, las grandes y las pequeñas, nacidas del doloroso enfrentamiento a la hoja en blanco.

44. La Paloma de la Paz

Aprieto las manos de los niños y acaricio al bebé, que porto en la mochila.

Sorteo a reporteros- en busca de la mejor noticia- en el día Internacional de la Paz.

Camino…No quiero parar. Miro, una vez más, los ojos de mis hijos. Ellos me dan fuerza.

Autómata en movimiento. He cruzado varias fronteras huyendo de un gobierno borracho de poder, que nos quita la vida.

Mi desaliño y desesperación, no me nublan la mente. Estoy alerta.

Sé de las palabras, infladas de levaduras de proyectos, que impregnan las paredes de regios y modernos edificios.

-Lenguas que escupen promesas, aparentes y bienintencionadas, que jamás se cumplirán-.

Visibilizo un pin, de la Paloma de la Paz, sobre la solapa de la negra blazer de una de las reporteras.

Me sonrío, sin quererlo, de esta sociedad inclinada a toda clase de símbolos.

Blanca paloma cargada de inocencia, verdad, paz y sobre todo luz- como síntesis de un universo de colores.

También vuela la esperanza.

 

43. NÍVEA (homenaje a Alfonsina Storni)

Él la pretendía blanca como si la vida entendiese de rostros sin mácula, de caminos diáfanos, de opciones claras y decisiones sencillas.

Él la pretendía alba, como si el amanecer despejado no fuese preludio de tormentas, como si los aguaceros del alma tuviesen sumidero suficiente como para no emponzoñar.

Él la pretendía de nácar, como si no fuese la minúscula imperfección que se cuela entre las valvas el origen de la perla.

Ella se sentía nívea, a pesar de los chismes, de los cuchicheos y las voces escandalizadas. Honesta consigo misma, ama de sí misma, rostro sereno, camino espinoso, opciones enturbiadas, decisiones complejas. Amanecer inconcluso el que despuntaba en su última noche de aguacero, donde el mar acogió el dolor que ya no le cabía en el pecho.

Ella es de nácar, sirena recuperada de las aguas. Verso reivindicativo.

Sin duda, imperfecta. Sin duda, perla. Sin duda, blanca.

42. NUNCA HABRÁ CLARIDAD SIN SOMBRAS (Modes)

Mi hermana gemela se llama Blanca. Yo, Alba.

Estamos muy unidas, y el amor y la alegría anegan nuestros corazones.

Pero, desde el día de nuestra Primera Comunión, ella no deja de llorar y me rompe el alma verla triste.

Por eso, hoy le he susurrado que fue nuestro vecino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y que mi cuerpo está en el fondo del pozo.

 

 

41. Ancestros

Buscando algo para intercambiar por agua, descubrió unos fósiles de huellas humanas impresas en la piedra caliza.  Antes de extraerlos, John amoldó sus pies a las compresiones y caminó sobre ellas. Conforme avanzaba se vio envuelto en una nube blanca. Tras atravesarla, se halló frente a un estanque. En la superficie cristalina, la imagen de la luna descaderada se movía como la cola de un gato al acecho. Se abalanzó sobre la fuente con avidez. Una vez satisfecho, se sintió culpable al recordar la sed de su pareja apenas saciada con orines. Retrocedió sobre sus pasos y se encontró de vuelta en la vieja cantera. Fue en busca de su esposa e hicieron el mismo recorrido, a través de la calina, hacia el círculo dorado que rompía la claridad a punto de nieve del alba. Iluminadas las formas de aquella nueva tierra, John pudo reconocer los ojos de su esposa bajo los pronunciados arcos superciliares que le servían de balcón a la uniceja. Solo tuvieron que mirarse para saber que no volvería a un mundo agotado. A la entrada de aquel edén, quedaron adheridas, entre la vegetación, unas pálidas pieles de homo sapiens que se constreñían al calor del sol.  

 

40. TORTURA

Habría querido quedarse en blanco, como la hoja impoluta que espera acoger los más íntimos pensamientos, como la nieve virgen de altas cumbres o las tiernas ovejas que pastan en el campo.
Pero era imposible. Por mucho que lo intentaba, no lograba parar su cerebro.
Siempre estaba maquinando, pensando en los últimos acontecimientos, taladrando su consciencia cuando ésta, únicamente, querría descansar.
Conforme vivía, esa desconexión resultaba cada vez más difícil.
Y ella estaba cansada, exhausta, agotada…
Solo pretendía recobrar sus fuerzas para gestionar esos episodios que habían tomado al asalto su existencia.
Quisiera tener, como los aparatos electrónicos un botón de ON-OFF para parar o poner en marcha lo que pasaba vertiginosamente por su pensamiento.
Quizás así desaparecieran las escenas del genocidio que había presenciado en Ruanda mientras cubría esa información para su periódico. O tal vez lograra detener, como en una moviola, las imágenes de la guerra en Yugoslavia o las muertes originadas por el tsunami y el accidente nuclear en Japón.
Pero ahora que estaba a punto de retirarse, las imágenes que había plasmado con su cámara y que tantos prestigiosos premios le habían reportado, se habían convertido en una tortura.
¡Como le gustaría poder quedarse en blanco!

39. PROGRAMA DE LAVADO

El blanco debe de ser el color de la muerte. En esta habitación tan anodina no han de acabar los días de un ganador, de un fuera de serie que, viniendo de la nada, logró llegar a la cima. Alguien así nunca entregaría el alma vestido con una bata blanca que deja el trasero al descubierto. Me desprendo como puedo de las vías, aparto el gotero, me visto y, aunque con molestias, salgo al pasillo con naturalidad, la misma que finjo al atravesar la puerta de la calle.
Cuando a duras penas llego a casa, abro una bolsita de polvo blanco para calmar el dolor, y me alivia de inmediato. Desde la ventana veo que mi coche tiene un lamentable estado de abandono, ya no reluce su pintura blanca ni brilla la estrellita del capó, y eso es lo primero para un triunfador, de modo que me acerco al lavadero.
Sentado en el coche, me asusta la soledad, pero otra dosis me apacigua. Me hacen gestos desde el final del túnel pero yo solo veo espuma blanquecina cubriendo el parabrisas de un tono anodino, parecido al del hospital, al del olvido, al de la muerte.

Nuestras publicaciones