Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

39. Aparición entre humos pestilentes

Cuando te citan a las ocho de la mañana para pasar la ITV te cagas en todo, pero luego te alegras de haber salido de la cama a tiempo para encontrarte con los auténticos madrugadores. En los paseos y caminos acondicionados para los deportes aeróbicos —que serpentean entre humos surrealistas y pestilentes— caminan en grupo o en solitario sin medidores de pulsaciones ni ropa deportiva high intensity. Van con lo primero que han pillado —las últimas Nike Running del 45 de un nieto mimado, unas mallas de cuando una pesaba diez kilos menos… — y andan como alumnos aplicados en las luces de una mañana borrosa. Los observo. De repente, en una curva del carril bici aparece otra deportista. Lleva un abrigo de paño gris con cuello de piel sintética, unas medias de nailon color carne y unos zapatos de medio tacón recién lustrados. Sujeta el bolso como si lo llevara a pasear, como si antes de ir a misa o al ambulatorio a por unas recetas hubiese decidido sacarlo a «hacer un pis». Entonces me doy cuenta de que mi comparación es una mierda de comparación: lo que de verdad lleva la mujer en la mano es la Antorcha Olímpica.

 

38. MÁS MAGIA, CUÁNTO MÁS CERCA (EPI)

Llevaba tiempo buscando inspiración para el tema actual y nada.
Ha sido estar una noche en un box de urgencias del Hospital Puerta de Hierro con una neumonía y empezar a ver y sentir una multitud de seres de diferente pelaje, unos verdosos como con antenas en el cuello, otros azulados, amarillentos, blancuzcos .….
Me recordó el frenesí de un hormiguero en su deambular, cada uno con su misión, sin descanso, dando palabras de aliento a los que allí estábamos, con las vergüenzas al aire, en filas, como si fuéramos larvas. Hacía muchos años de mi vida hospitalaria, no están pagados.
En cuanto pude y ya de alta, leí con fruición los últimos relatos de Blanca, Manoli y Marcel, de otros seres, los entecianos, también mágicos, que te acompañan en muchos momentos.
Dejo para el final las que viven en mi casa, mis tres hadas, mi mujer Luz y mis hijas Lucía y Sara, que por una concatenación de casualidades y una alineación de planetas están a mi lado. Son las que más sufren de mis enfermedades, mal humor y mi enfado con el mundo y saben cómo variar mi ánimo.
Duelos y quebrantos, me quedo con lo último.

37. OTTO

Reconozco su retrato y su mirada me vomita al pasado. A una cálida noche de verano, donde era aún más inocente que niño, cuando aún jugaba con la idea de que las piedras susurran historias al rozar tu piel y guardar el silencio que todo contador de relatos se merece.

Nos encontrábamos de nuevo.

Otto Vlan Dengge (1856-1899) conde holandés que triunfó en el siglo XIX por Europa con su circo de las maravillas y de los seres que ya no viven. Maestro de la magia y del azar e impulsor de los llamados juegos de ingenio y artificio para grandes grupos. Fundador del movimiento “El juego del azar y la magia de la vida” que recorría hospitales y ciudades en busca de una sonrisa. Casado en 1887 con Aurora, fallecida de forma extraña en 1895. Suceso  que provocó su muerte y desaparición cuatro años después…

Rememora la carta de Otto que leyó ese verano:

Encontrarme con Aurora es recuperar el sueño de tocar su piel y besar su alma. Ayudadme a lograrlo”.

Era el primer verano del siglo XXI, sólo tenía once años. Entre todos, conseguimos que Otto volviera a besar el alma de Aurora.

Y sonreímos de nuevo.

36. Oráculo (Manoli VF)

A veces las siento. Suelen acercarse a mí cuando estoy sola. Cada una de forma distinta. Aparecen, cuando hago una pregunta a la nada. Cuando quieren. Afloran, quien sabe si por alguna puerta invisible, esencial, que se abre cuando estoy en silencio. Cuando mi cuerpo y mi mente son silencio. Las reconozco. Una de ellas hace pequeños ruidos, remueve el aire y parece alentar en mi oreja. Otra me roza el pelo, aumentando, con su mano sutil la carga eléctrica de mis cabellos. Algunas penetran en mis sueños, como la pequeña que llora, o la que lleva la blusa de flores violetas. Sé que me habitan. Que se han quedado en mí, después de muertas. Porque soy una y, a la vez, todas las mujeres de mi familia. Y esa es la magia de la vida: ser todas ellas.

35. 12 de agosto (Blanca Oteiza)

Acostado en la cama batallo con la almohada para tomar postura. Espero que el sueño me venza, cuando emerge de la pared una sombra negra. Frotándome los ojos no desaparece, así que decido quedarme quieto para no descubrirme. Los segundos me parecen minutos, inmóvil bajo las sábanas.
Me habla. Su voz suena en la habitación como un susurro que llora. Cuenta que tiempo atrás quedó atrapada entre paredes que la oprimen. Me pregunto si cada noche se pasea asustando a los clientes o ha decidido salir de su cárcel conmigo como huésped. Por mi mente pasan infinidad de pensamientos, aunque ninguno frena para poder agarrarlo. Debí reservar habitación en un hotel moderno. Se sienta en mi regazo. Noto sus lágrimas, aunque no las veo. Me pide que la ayude a salir rumbo a las estrellas.
Una noche de Perseidas cayó y quedó sepultada en los muros del viejo edificio. Si no escapa, deberá esperar un año más para seguir jugando con sus hermanas doradas bajando del Olimpo.
Abro la ventana, lo que era negro comienza a coger brillo. Con un gracias sale a la noche. Pronto pierdo su rastro camuflada entre cientos de lorenzas que lloran en el cielo dorado.

34. EL PESADIELLU (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Estuve en la casa, en San Martín de Vallés, una aldea colgada en la cornisa de la costa asturiana sobre el río Pivierda que unido al Libardón forma en su estuario la playa de Lastres. Es la tierra de  mi apellido “Fresno”, desterrado a los últimos lugares por las leyes patriarcales.

Aquella noche, ya en mi lecho, sacudieron mi conciencia el techo desvencijado; las vigas desmoronadas; las raíces de sabucos rasgando los suelos; los muros  laterales saqueados, apenas sostenidos por las lapas de una hiedra seca y centenaria que los enfundaba; la última sombra del ocaso del tejo milenario sobre los goznes, únicas reliquias de la puerta de la casa. Y aquel chivo de pelo negro acharolado, rígido sobre sus patas bajo el tejo, que giraba el cuello para no apartar su mirada de la mía mientras yo huía electrizado de aquel lugar.

En el sopor del sueño noté algo así como una mano enorme y peluda haciendo tal presión sobre mi pecho que me impedía respirar. Sin duda aquel chivo “pasome” el “pesadiellu”. La abuela me dijo, que su abuela le dijo, que cuando se sintiese ese demonio una oración a la Santina sería suficiente para librarse del mal.

33. LA HERIDA

Dilatar la vida de los hombres es dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes

J.L. BORGES, El Inmortal

Pese a distribuir las velas en forma de números romanos, apenas caben en la tarta. El viejo gallardo y musculoso las sopla con desgana. Aborrece ya el brillo de nieve endurecida tan propia de los inmortales latiéndole en la piel. Considera su cuerpo apolíneo una cartografía insípida, carente de las huellas y marcas singulares que esculpe en los hombres el paso del tiempo. Abre los ojos. Suspira. Agarra un trozo de pastel y lo introduce con cuidado entre los oxidados barrotes. El ave que lleva encerrada varios siglos parece dormitar entre sus propias llamas, inmutable sobre la canela, el nardo y la mirra que conforman su nido. Un graznido crepitante sobresalta al viejo y, al retirar los dedos, se hace un corte con el hierro. El viejo observa la limpia herida, maldice. Echa de menos el fulgor rojizo de la sangre.

En ese momento, decide no beber nunca más el brebaje de cenizas. Abre de par en par los ventanales de su choza, abre después la portezuela de la jaula. El pájaro en llamas huye entre fogosos gorjeos.

–Adiós, Fénix –murmura aliviado el viejo.

Y se sienta a esperar pacientemente a que llegue al fin la dulce tiniebla.

32. MICÓLOGO ENCANTADO

INFORME URGENCIAS

 

El paciente presenta síntomas de hipotermia, ansiedad y agotamiento. Durante la exploración explica lo siguiente:

«Buscando setas, me interné demasiado en el bosque, mi GPS falló y quedé sin cobertura. Deambulaba perdido cuando tropecé con un magnífico ejemplar de Amanita muscaria del que salió un malhumorado enano que, agitando un gorro rojo, despotricó: «Ten cuidado donde pisas». Asustado, salí corriendo. Lejos, paré para recobrar el aliento, sin darme cuenta de que lo hacía dentro de un círculo de Marasmius oreades. La afición venció a las circunstancias y decidí cortar algunas. Entonces, de la nada, apareció una bruja que intentó matarme a escobazos. Escapé de milagro. Cayó la noche, rendido a mi suerte, cansado y hambriento, encendí una hoguera para guarecerme, saqué de mi cesta unos Lactarius que había podido conseguir y los asé. El olor atrajo a un pacífico ser luminoso que me pidió compartir mi cena. A cambio, con su varita, trazó un haz de luz que me condujo hasta la carretera.»

Se realizan análisis de alcohol y estupefacientes, se añade prueba para Psilocibina, por posible ingestión de hongos alucinógenos. Todas las pruebas resultan negativas.

El paciente es derivado a consulta de Salud Mental.

Dr. Iker Isetta

31. EXPIACIÓN

-¡Una opereta bufa! ¡Un libreto satírico! Con gusto habría abofeteado al tocabandurrias ese ¿Mi condena convertida en un mal chiste? ¡Yo que reté a Dios y al diablo!

Así murmuraba Willem dirigiendo sus pasos por la senda del monte Do Sino donde habita el recuerdo de algo que nunca existió: La imagen de aquel antiguo palacio cuyas torres se recortaban en la luna de agosto como el aparejo de un barco varado. ¿Qué hay debajo de sus valientes sillares? ¿Qué fuerza se esconde tras esas desvencijadas ventanas? Seguramente la pasión del náufrago.

-¡Ay, todo lo del cuerpo es río, lo del alma es sueño y delirio!

Y mientras buscaba el paso a la playa soñó con la dama de los zapatos blancos. Observó cómo ella dibujaba en el aire, con la punta de los dedos, la respuesta a esa pregunta que nunca formuló. Existe algo sagrado que brota del espíritu de todas las mujeres y por eso se las consulta como si fueran un oráculo.

El deseo es salvación.

Con los pies batidos por las olas comprobó que su barco había partido ¿Estaba liberado de la penitencia?

Holandés y errante hoy descansa sus siglos abandonado en este santuario de arena.

30. MÁGICO

Durante el paseo diario por el parque central de mi ciudad me pasó algo que nadie va a creer. Mientras observaba unas hermosas flores que florecían de unos frondosos arbustos, un diminuto colibrí de colores increíbles empezó a volar a mí alrededor. Se paraba un poco en una flor y luego en otra manteniendo siempre el vuelo, luego venía hacía mí y parecía como querer decirme algo. Repitió lo mismo varias veces, hasta que por fin entendí lo que quería que yo hiciera. Cogí una flor, la más bonita de todas, sobre la que él no se había aún parado, y mientras se la daba me regaló un beso. Sí, un beso, y es tan cierto como que poco después aún con la flor en la mano se me apareció la mujer más bella que jamás había visto en mi vida. Tenía los mismos ojos y besaba como el pajarito, y cuando quise corresponderle comenzó a volar, despidiéndose de mí con la flor en la boca. Ya creo en los seres mágicos, y desde hoy vuelo como uno de ellos buscando la paz.

29. ENCUENTRO EN LA CUMBRE (Toribios)

Los tres Reyes Magos, Papá Noel, el Olentzero, el ratoncito Pérez, Santa Claus y San Nicolás se reunieron para hablar. Llevaban años pensando que la diversidad no les beneficiaba, pues resultaba antieconómico y creaba confusión en los niños. Habían elegido un chalet alpino, a medio camino entre el Polo Norte y los abrasadores arenales. Se pusieron cómodos y decidieron parlamentar mientras se tomaban una fondue con un Oppenheimer  bien frío. Papá Noel y sus homólogos propusieron fundirse en uno solo. Los tres Magos se avinieron a turnarse y venir cada año uno. El caso de Pérez, todos convinieron que era distinto  y debía seguir como hasta ahora. Tras mucho discutir, no acababan de decidir la naturaleza de la síntesis que los aunara, hasta que, entre el vino y la digestión, acabaron dormidos. Por la mañana les entraron las prisas por empezar con la campaña, así que hicieron las maletas y se prepararon para irse. Solo el ratoncito brillaba por su ausencia. Tras mucho buscar, se toparon con el enorme gato de la casa atusándose el pelo con gesto satisfecho. Se despidieron un tanto consternados, con la promesa de verse de allí a un año.

28. VEOVEO

—Otra vez, anda.

—La última. Y te duermes ya, Carolina.

—Te prometo, mamá, que será la última.

—Venga, peque…

—Veoveo.

—¿Qué ves?

—Una cosita.

—¿Y qué cosita es?

—Una que empieza por la letra… A.

—Déjame pensar…

—Seguro que esta vez pierdes, mamá.

—Es… ¿una almohada?

—Frío, frío.

—¿Y una alfombra?

—Noooo.

—Ya está. Un armario.

—No. Tampoco.

—Pues no sé.

—¿Te doy una pista?

—Si quieres…

—Es verde y rugoso.

—Hummm…

—Y muy alto, casi llega al techo.

—¡Un árbol!

—¡Mamá…! ¿Hay un árbol en mi cuarto?

—¡Ay, hija!, tienes tanta imaginación…

—Entonces, ¿te rindes definitivamente?

—Me rindo definitivamente.

—Es mi a… migo.

—Vaya con tu amigo. Qué feo es, ¿no?

—Bueeeeno…

—¿No te da miedo?

—Solo cuando lo conocí.

—¿Ah, sí? ¿Por qué?

—No me gustaron sus uñas tan largas.

—¿Las uñas?

—Ni sus dientes. Están muuuuy afilados.

—No te hará nada malo, ¿verdad?

—A mí no. Te lo va a hacer a ti.

—¿A mí?… Si ni siquiera sé quién es.

—Pero está enfadado porque me riñes mucho.

—¿Te cuenta lo que quiere hacerme?

—Sí, aunque me tapo los oídos. Eso sí que me asusta.

—¿Y dónde dices que lo ves?

—Ahí, justo detrás de ti.

 

 

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