76. Palabra de honor (Alberto Benito Fernández)
Desde que llegué a Valencia me sentí en mi propia casa. Tuve una acogida como jamás hubiera esperado, y en la primera semana ya había recorrido todas las emisoras de radio y platós de televisión de la provincia. La afición, simpática y agradecida, me paraba por la calle y me daba la bienvenida a su preciosa ciudad. Tardé muy poco en adaptarme al entorno. La paella ya era mi plato favorito antes de llegar a la terreta, pero tampoco me resistí a la horchata con sus fartons reglamentarios, a un buen all i pebre en la Albufera y, si no me tocaba entrenar, un contundente esmorzaret a media mañana.
Cuando me quise dar cuenta ya me había convertido en un símbolo de la ciudad, y representaba con orgullo a mi equipo por todos los estadios del mundo. Tanto era así que en las Fallas tuve el privilegio de presenciar cada mascletá desde el balcón del Ayuntamiento.
Nunca me sentí tan unido a un lugar, al que juré amor eterno.
Por eso, cuando vinieron los de la capital ofreciéndome el oro y el moro no lo dudé ni un instante: tardé exactamente cinco segundos en hacer las maletas.


El se lo pierde! Con lo bien que se está en la terreta.
Uno pertenece al lugar que lo acoge y donde se siente apreciado. Pero ya se sabe, todo el mundo tiene un precio y «poderoso caballero es don Dinero».
Un abrazo y suerte, Alberto
Jajajaja, que traidor. Ese final vale más que el oro y el moro.
Un abrazo
Ay, Alberto, se me ocurren unos cuantos de esos… con lo bien que se vive en Valencia, a pesar de esta maldita humedad.
Un abrazo y suerte, casi paisano.
¡Chaqueterooooo! Jajaja, hala a comer cocido y callos. Aunque ya sabes que aquí no hay playa…
Abrazote, Alberto.
Cinco segundos de etenidad le duró el amor por Valencia, y la palabra de honor, aún menos, jaja… Faltó que se le dibujara el signo del euro en las pupilas y la hacía completa…
Muy bueno, Alberto; me gustó.
Un beso grande,
Mariángeles
Divertido y realista. Hay argumentos que convencen. Es lo que se llama capacidad de adaptación… ¡ al dinero ! Enhorabuena, Alberto.
Un «amor eterno» que gira más que una veleta cuando soplan aires de dinero…
Nos engañas bien: el lector espera unas 3 palabras finales diferentes 😀
Un abrazo,
Carme.
Ay, qué bueno. Qué bien ese personaje, que es tan real como la vida misma, y que demuestra lo de que por dinero baila el perro. Mucha suerte y un abrazo, querido Alberto