Palabras contrariadas (Juana María Igarreta)
Ya venían quejosas las palabras del poco rigor con que se las estaba tratando, cuando ocurrió el dislate: alguien había confundido astronomía con gastronomía.
La reacción de las dos palabras afectadas no se hizo esperar. Conscientes de su poder para configurar el pensamiento humano, acordaron mantener durante un tiempo sus significados cruzados. Sería una lección ejemplarizante.
Un día todos los astrónomos se levantaron con una suerte de agujero negro en el estómago. Arrastrados por una enigmática fuerza, en lugar de encaminarse a sus correspondientes observatorios para seguir estudiando el universo y sus cuerpos celestes, salieron desaforados en busca de restaurantes con estrellas Michelin.
Pero lo peor fue cuando ese mismo día la NASA se llenó de cocineros. Armados con sus panoplias de cuchillos, invadieron el organismo decididos a comprobar si lo que allí dentro se estaba cociendo era de su gusto; en caso contrario, procederían a cortarlo por lo sano.
Así las cosas, tuvo que mediar la palabra diálogo para que sus dos compañeras volvieran a sus respectivos roles, frenando de esta manera el caos que estaban provocando.
Desde entonces, a pesar del aparente orden restablecido, los precios de los productos gastronómicos no han dejado de ser astronómicos.


Qué mundo caótico sería el nuestro si las palabras intercambiasen sus significados, aunque al mismo tiempo, cuántas combinaciones divertidas podrían suceder, como las que planteas en tu divertido y original relato, con un juego de palabras final tan cierto como actual y tremendo, pero como no tiene remedio, mejor tomarlo con humor.
Un abrazo y suerte, Juana María