Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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116. PONGO (M.Carme Marí)

Dorothy está contenta, feliz en su mundo verde. Ahora vive en la Ciudad Esmeralda, con edificios de verdes vidrieras, muros de mármol verde rematados con esmeraldas que deslumbran si les da la luz del sol.

Unos segundos después la sonrisa se transforma en una mueca de desagrado, cuando las casas, las calles y ella misma toman otro color. Vuelve a tocar el fucsia, que nunca le ha gustado, y sabe que luego le seguirá el turquesa chillón. Se está mareando con tantos cambios. ¡Qué ganas tiene de que se acaben las pilas de la bola de nieve! Para colmo, una vez más el niño de la casa ha agitado su mundo y ella se mece en una suave caída cabeza abajo. En amarillo.

2 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    No tiene que ser agradable ver cómo el mundo se tambalea y uno con él, al capricho del destino, de la meteorología, del cambio climático o de un niño que lo toma como juguete. He leído alguna vez que un «pongo» se considera un objeto de dudoso gusto, algo que se recibe como regalo y no se sabe qué hacer con él. Tu protagonista vive dentro de una de esas bolas que generan nieve si se mueven, con luces de colores añadidas, atrapado sin remedio al antojo de quien quiera activar su entorno sin ningún motivo, solo por curiosidad o aburrimiento.
    Un relato interesante, que podría interpretarse como una metáfora de esas fuerzas externas que nos afectan y contra las que no se puede luchar.
    Es fácil que no haya acertado nada. Ya me dirás.
    Un abrazo y suerte, Carme

    1. Fantástico comentario, Ángel, al menos tan interesante como el relato.
      Bien definido el «pongo», la verdad es que hay bolas de nieve que son bonitos recuerdos especialmente para niños, pero no acaba de convencerme la costumbre de ponerle luces alternando los colores que tienen en algunos productos que no lo necesitan.
      Nuestra protagonista se mueve en un mundo que la marea con tanto cambio y tanta luz y, además, la agitan, teniendo asumido que no puede cambiar nada.
      A nosotros también nos agitan bastante a su antojo unas u otras fuerzas, pero es bonito pensar que algo sí podemos intentar, que tenemos alguna opción de agarrarnos ante el zarandeo…
      Muchas gracias por comentar. Un beso.
      Carme.

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