69. Reinsertado (Jesús Navarro Lahera)
Grité que no me lo creía al ver la carta en la que, en base a mi buen comportamiento, me notificaban que habían decidido conmutarme la pena de prisión permanente por la de libertad condicional. Mi compañero de celda, al oírme, se levantó de su cama y se acercó, y tras leer la hoja se puso a felicitarme a la vez que me daba palmadas en la espalda. Yo no lograba tenerme en pie, me temblaba todo el cuerpo, por lo que me apoyé un momento en la pared.
Él, mientras tanto, insistía en sus enhorabuenas, y no cesaba de repetir la envidia sana que me tenía. Reconozco que no presté demasiada atención a sus palabras, aunque al escuchar que comentaba que tendría muchas ganas de salir después de treinta años encerrado, y luego me preguntaba qué iba a hacer cuando estuviera fuera, sentí que la carta se me escurría de los dedos. Entonces, en lugar de recogerla, lo miré, le di un puñetazo en la boca y lo tumbé de nuevo en su cama. A continuación, le tapé la cara con la almohada, me coloqué encima y me quedé allí, apretando, hasta que dejó de patalear.


Joer! Le entró el pánico de tener que largarse y buscarse la vida, cuando ya está tan habituado a vivir allí que para qué quiere salir! Ahora, el que paga el pato es el pobre compañero de celda…
Leer el relato es como ver un cortometraje 👌🏻
Un abrazo,.
Carme.
Muchas gracias por dejarme tu comentario, Carme. Tal y como dices, aunque el pato lo pagan todos, el muerto, el asesino y la sociedad en general ante el fracaso de no saber reinsertar a estas personas. Me alegra de que haya sido como ver un corto, siempre trato de conseguirlo en mis escritos 🙂 Un abrazo
Jesús, me ha encantado cómo abordas la pertenencia desde un ángulo tan inesperado y humano. Mucha profundidad y un desenlace que se queda contigo. ¡Enhorabuena!
Muchísimas gracias por dejarme tu comentario, Sergio. Me alegra saber que te ha gustado esta forma de enfocar el tema de la pertenencia. En cuanto al final, me encanta que se mantengan en la memoria 🙂
Un abrazo
El ser humano tiene la capacidad de adaptarse a todo, al tiempo que tiene miedo ante lo que pueda venir, que ni conoce ni domina. Tu protagonista no quería dejar de pertenecer al lugar al que estuvo vinculado tantos años, o más bien, insertado.
Muy original y bien escrito,Jesús.
Un abrazo y suerte.
Muchísimas gracias por tu análisis y comentario, querido Ángel. Me alegra saber que te ha gustado esta historia y la forma en que está escrita. Un fuerte abrazo.
Qué brutal, en todos los sentidos. Se ve que, por mucha voluntad que se le ponga, hay reinserciones imposibles. Y lo has plasmado de la mejor manera posible.
Muchísimas gracias, Edita. Hay gente que ha hecho de la pertenencia a donde está una celda, nunca mejor dicho en este microrrelato. Un abrazo
Madre mía! Desde luego, así se asegura la pensión vitalicia a cargo del estado. Qué fuerte, Jesús. Abrazos.
Muchas gracias, Ana María. Pobre personaje, que no tiene más vida que la de esas cuatro paredes que son su cárcel. Me parece que tendrá que pasar a la sombra una temporada más. Un abrazo
En la peli Cadena perpetua tienen un vocablo: «Institucionalizacion»
Algunos presos, en efecto, tienen tanto pánico a salir, que supera a las ansias de libertad. Tú prota está claro que estaba agusto y ha sido capaz de lo peor para quedarse.
Gran relato, paisano. Enhorabuena y suerte
Muchísimas gracias, Alberto. Me alegro de que te haya gustado mi historia. Esa película es maravillosa, y reconozco que de una forma consciente o inconsciente sirvió de inspiración. Eso sí, todo comenzó desde el final, como siempre, con la imagen de alguien pataleando con una almohada en la cara… qué oscuro me pongo a veces 🙂
Un abrazo
Hay envidias que matan… ¡Literalmente! Y las enhorabuenas también, por lo visto… Moraleja: pasarse de bocón te puede costar la vida…
Hablando en serio, Jesús, está tan acostumbrado ese preso a su vida tras las rejas, que las palabras del otro preso lo hacen caer en la cuenta de que fuera de la carcel no tiene vida, así que toma las medidas necesarias para seguir teniéndola… Para nosotros es un espanto lo que hace, pero para él, que ya ha hecho de todo, eso es lo más natural…
Una pertenencia cautivante la del micro.
Muy bueno, Jesús.
Un beso grande,
Mariángeles
Muchísimas gracias, Mariángeles. Al compañero de celda le ha salido cara su efusividad, y abrirle los ojos al personaje del microrrelato a lo que le espera fuera de la cárcel. Una pertenencia enfermiza, desquiciante, y que lleva a cometer un acto desproporcionado al personaje. Un abrazo
Supongo que estar encerrado mucho tiempo y salir debe generar vértigo y miedo a afrontar una nueva vida.Eso está descrito por experiencias de presos que han salido. En este caso ni siquiera se atreve a intentarlo y prefiere seguir perteneciendo al mundo carcelario y sin redención posible. Como nos aferramos a la rutina aunque esta sea alienante. Un final que de alguna manera es repetición de un principio de tu personaje.
Un abrazo
Muchísimas gracias, Gema. Así es, un final que enlaza con el inicio del personaje, que mató para entrar en la cárcel, y vuelve a hacerlo para permanecer en ella… este personaje me está rondando la cabeza. Quizás lo vuelva a sacar de su cajón para una historia más larga…
Un abrazo
Me ha encantado. Está tan bien narrado que parecía estar viendo una película. Como cinéfila empedernida, no he podido evitar acordarme de Cadena perpetua y de Brooks, que después de tantos años encerrado siente auténtico terror ante la vida de fuera. Entiendo perfectamente a tu protagonista: después de treinta años, ¿cómo enfrentarse a un mundo que ha cambiado por completo y que ya no reconoces? Y ese fina, brutal. 👏. Mucha suerte y un abrazo, querido Jesús. ❤️❤️
Muchísimas gracias, querida Nuria. Me alegro de que te haya gustado la historia, que te haya traído a la memoria esas referencias que me comentas, y que hayas sentido que estabas viendo una película. Esa es una de las intenciones que tengo siempre que escribo una historia, además de emocionar y sorprender con el final. Todo parece que lo he logrado esta vez 🙂
Un abrazo.
Menudo cafre! Un final inesperado para un relato lleno de sentimientos encontrados.
Chulo!
Muchas gracias, Rosa. Me alegro de que te guste este relato sobre personajes fuera de la sociedad, y que ya pertenecen sin remisión al mundo de la cárcel. Un abrazo
Cuidado, que tiene que dar vértigo salir a la calle después de treinta años. ¿Dónde vas? ¿De qué vives? ¿Te queda algún amigo fuera? ¿Alquien de la familia? Uff, empatizo total con tu protagonista, aunque creo que con una pelea hubiera bastado… durante un tiempo. Pero tu final mola más, literariamente hablando.
Un abrazo y suerte.
Muchísimas gracias, Rosalía. Esas preguntas se hace el personaje en un instante, y las respuestas le gustan tan poco, que decide que una pelea simple no vale. El final más potente, sin duda, y más oscuro 🙂 Un abrazo
Su profunda pertenencia al mundo carcelario le hace perder la cabeza (o no) para obtener una libertad para pertenecer a otro mundo que no es el suyo. Produce pánico la idea de desvincularse de lo suyo. La reinserción es imposible. Tremenda historia que cuestiona los métodos carcelarios. El, se reinserta en el mundo del crimen, que es del que procede. Por no salir de la cárcel es capaz de matar. Locura. El relato te va metiendo en ella (locura) con maestría. Enhorabuena, Jesús.
Muchísimas gracias por tu comentario, Miguel Ángel. Me alegra mucho saber que te ha gustado el relato y esta historia carcelaria, dura, con final que enlaza con el inicio de la historia de este personaje que ya pertenece a la cárcel sin remisión. Un abrazo
Jesús, tu protagonista pertenece a esa celda, sin duda. Las reinserciones no siempre son posibles. Muy interesante como abordas el tema.
Encantada de leerte.
Un abrazo
Muchísimas gracias por leerme y dejarme tu comentario, Pilar. Encantado de que una entrega más te pases por aquí 🙂 Un abrazo