50. Se vende moto BMW
Durante toda la semana llevaba una vida de ciudadano ejemplar, amantísimo padre y esposo. Ocho horas de atención al público en el banco, luego comprar en el super, llevar y recoger a los niños, por la noche escuchar las quejas de su mujer.
Pero todas las semanas tienen un sábado. Madruga, hace ejercicios de musculación, recarga energía con el desayuno, luego al garaje, limpia el carenado de su BMW R 1250, se embute en el mono de cuero, y pretrechado de casco, guantes, botas, y arnés para la espalda, sale disparado a todo gas.
Tres kilómetros después, aparca a un lado, se acercar al Ibiza, abre la puerta y antes de nada le estampa un beso en los morros a Marisa, veintitantos añitos, economista.
—Vamos, estoy impaciente por empezar.
Mañana de ejercicios gimnásticos en la cama, luego ducha en pareja y a las cuatro Marisa lo devuelve a donde estaba la BMW.
En casa su mujer pregunta:
—¿Qué tal la mañana?
—La moto es agotadora, pero un placer. Voy a comer algo y luego me tumbaré a echar la siesta.
Se fue a vivir con Marisa y puso un anuncio: «Se vende moto BMW. Poquísimos kilómetros».
Es difícil decir cuál de las dos mentiras era más grande, la de padre y esposo ejemplar, o la de motorista. Al final, todo acaba sabiéndose y encaja, como ese escaso kilometraje y una moto quenha de ponerse en venta.
Un saludo y suerte, Jesús
Simpática versión de la mentira infiel. El relato, bien pergeñado, tiene frases muy logradas como “Pero todas las semanas tienen un sábado.”, “Mañana de ejercicios gimnásticos en la cama”, “La moto es agotadora, pero un placer.“, “Poquísimos kilómetros”…