Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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53. Solo tú sabes de mi enfermiza cobardía

Se conocían como si se hubieran parido el uno al otro. No en un día cualquiera sino en alguno de esos de Luna de sangre, o, si el tiempo no fuera más que una mentira, en el preciso momento en que Osgood le dice a Jerry “Bueno, nadie es perfecto”.

Los miércoles eran sagrados en el bar de Lucio. Llegaron a acudir recién operados de varices o el día en que una de sus parejas había dicho que tenían que hablar imperiosamente.

Una tarde, uno de ellos le entregó al otro un sobre lacrado con la condición de que no lo abriera hasta que se hubiera escapado de este mundo definitivamente.

El interrogatorio del receptor llegó hasta donde comprendió que su amigo era una muralla infranqueable. Más cerveza.

Se despidieron con el achuchón de siempre, sin que el dador pidiera ninguna promesa innecesaria.

Cuando Patricio rompió el sello, pudo leer: No te apenes por lo hecho, soy yo quien te ha utilizado y debo pedirte perdón. Solo yo conozco tú frenopática pulsión por descifrar enigmas más allá de cualquier otra cosa, llámese amor, amistad o cualquier otro sentimiento idolatrado.

Adoro tu locura y espero hagas lo mismo con la mía.

 

2 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Si que se conocían bien estos dos individuos, también se respetaban, con locuras particulares incluidas. Sus citas semanales contra toda circunstancia, su complicidad, encerraba algo más que una relación fraternal entre dos amigos. Solo les faltó llegar antes a reconocer ese hecho, pero a veces cuesta mucho expresar los verdaderos sentimientos de forma abierta.
    Uno de ellos tuvo que morir para que el otro conociera su devoción por él, todo lo que nunca se atrevió a decirle.
    Un relato que demuestra lo complejos que son los seres humanos, en especial, las relaciones con los de su propia especie.
    Un abrazo y suerte, Javier

  2. Javier Palanca

    Hola, Ángel.
    La complejidad que llevamos dentro va más allá de lo que a veces podemos imaginar o escribir. Por eso he querido ser, tal vez, exagerado para poner en evidencia lo que escondemos y que pocos pueden saber. La sorpresa siempre está por más qie no lo esperemos.
    Siempre abrazos

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