Varada en el tiempo
Pasé el verano revisando las viejas cartas que aún permanecen en el fondo de la cajita de cedro. Cumplía rigurosa el ritual, olía el olor del papel antiguo impregnado con el aroma de la madera y de los pétalos de rosa sumergidos en el fondo desde hace casi veinte años. Los mismos que nos juramos volver, pasara lo que pasara con nuestras vidas.
Hoy es la fecha. Sigo esperando fiel a la promesa que nos hicimos hace dos décadas. Me levanto temprano. Una extraña vitalidad recorre mi cuerpo y me empuja a caminar descalza por la playa y sumergirme en el mar tarareando una dulce melodía. El vaivén del agua mece mis pensamientos hasta perder la noción del tiempo. Imagino cómo será ese reencuentro que llevo ansiando desde entonces. Sigo flotando en el tiempo.
Retorno a la realidad y un pequeño cachorro me recibe en la orilla dando alegres saltitos. Una familia le sigue de lejos. Tus ojos se cruzan con los míos y revuelves nervioso el cabello de tu hijo pequeño. Aquí estás, no como pensaba, has vuelto.
Siempre fui un alma solitaria. Sin dudar, vuelvo al agua, mientras mi aleta plateada se pierde entre las olas.

