Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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AGO136. LA PICADURA DE UNA AVISPA, de Isabel Martínez Barquero

Era la primera vez que salía de viaje con ella. Estábamos en los inicios de la relación y todo era nuevo y sorprendente, como un día sin estrenar. Me gustaba aquella mujer, me gustaba mucho.
Por desgracia, no la atendí como debía durante el viaje. Una avispa inoportuna se enganchó a su brazo que, cándido y desprevenido, sufrió la picadura que le propinó el insecto con saña. Ella me dijo que sentía escalofríos y mareos al compás que su brazo se hinchaba como un flotador inflado por un aliento muy potente. Le quité importancia a su inquietud: el picotazo no tenía mayor trascendencia y pronto el brazo y ella misma volverían a la normalidad.
A lo largo de la jornada, se quejó varias veces y me hizo partícipe de su malestar continuo mientras me mostraba la hinchazón en aumento.
Cuando al caer la noche, decidí llevarla a un hospital por su aprensiva y cansada insistencia, fue demasiado tarde: en el camino, falleció entre convulsiones.
Desde aquel momento aciago, odio a las avispas.

54 Respuestas

  1. Desde luego decir que no atendió bien a su amiga, es decirlo de manera muy suave, porque ver como se iba hinchando y empeorando hasta que no tuvo remedio, es muy fuerte.
    Saludos

  2. Jope, Isabel, taspasao. Mira que lo que prometía ser un relato de miel se convierte en un drama. Mira que está basado en la realidad, me temo. Se lee muy bien, como siempre en ti, pero chica, esta picadura mortal deja mal sabor de boca. También es verdad que soy alérgico a las picaduras de avispas y me has dejado tocado.

    1. En ocasiones me paso, Javier; sale así y así lo tomo.
      No está basado el relato en la realidad, pero sí te diré que, como tú, yo soy alérgica a las picaduras de avispa, así que figúrate con qué sangre fría escribí el micro.
      Me encanta eso de “que se lea bien”. Lo que bien se piensa, bien se ha de expresar (el “logos” griego), y la claridad y sencillez son un plus, al menos para mí.
      Un abrazo.

  3. Menos mal que sólo era una picadura, uy, pobre chica dar con un tipo tan poco considerado, para llegar a morir debió hinchársele mucho el brazo y le parecía aprensiva y cansada insistencia. Dios mío no me pongas nunca a un ejemplar semejante cerca.

    Besos Isabel, muy bien contada esta historia aunque deje mal sabor de boca.

  4. ¡Qué maneras tenemos a veces de demostrar nuestros sentimientos! Es lo primero que se me ocurre ante este micro como siempre bien llevado por usted escritora, poeta y maestra ( aprendo mucho de ti y es un lujo leerte) .
    A veces reptito lo que escucho: que no todos tenemos que demostrar el amor de la misma manera, que sería aburridísimo…, si, pero es que el interes por el que nos importa solo se hace de una manera ¿o no? . Bueno, me ha caido hoy el mensaje con algo que me tiene afectada y dejo ver chispas ante un micro jaja.
    Un abrazo grande amiga

  5. Un micro con mucha miga, aunque al principio de una relación todo parezca cándido y magnífico, la novedad se hace presente hasta en la forma de actuar de uno y de otra (o de una y otro, en cualquier caso). Ya se ve la actitud/aptitud de cada uno de ellos. El rol que desempeñarían de haber sido una tarde “sin avispa”… las odia?? jajaja, eso es para tener la conciencia tranquila, se tendría que odiar a sí mismo. La actitud de ella, solo quejarse sin más, esperando la reacción de su amado, la costó la vida. ¡Qué cosas! Buen relato Isabel. Un abrazo.

    1. Es un auténtico regalo tu comentario, Lumi, una delicia. Me gusta mucho cómo lo has planteado, con esos papeles de sumisión en ella y prepotencia en él, papeles que hubieran continuado a lo largo de la relación de no haber aparecido la muerte.
      Gracias por tus palabras y un beso.

  6. Isabel, una historia triste que deja a las claras que lo más ínfimo puede convertirse en un gigante que nos aplaste. Me ha gustado ese aroma de realismo mágico que destilo el microrrelato.

    Quizás porque ando estos días entre cuentos de García Márquez, tu microrrelato me ha recordado a uno de Gabo.

    Me gustó.

    ¡Mucha suerte para el concurso!

    Abrazos.

    1. Lo has dicho muy claro, Nicolás: “lo más ínfimo puede convertirse en un gigante que nos aplaste”. Para un alérgico a las picaduras de estos bichitos, la muerte puede ser la consecuencia si no se actúa a tiempo. Te lo dice una alérgica.
      Por otra parte, creo que sé a qué relato te refieres de García Márquez: ¿uno donde la chica muere porque se pincha con la espina de una rosa? Ah, es precioso. Lo leí hace muchos años y aún lo recuerdo.
      Gracias por tus palabras y un fuerte abrazo.

  7. Pues, somos dos. No recuerdo cuantas veces me picaron he perdido la cuenta. Será como una cosa que les avisa este griego hay que picarlo. Isabel, me gustan tus relatos tienen mucha fluidez y da gusto leerlos. Un fuerte abrazo, Sotirios.

  8. Vaya, uno se queda plof.
    Un relato curioso por la forma. El narrador casi no se altera con la muerte, como si se situara en una esfera diferente: literaria, romántica. Y eso sorprende al lector… Le descoloca. No sé si esa era tu intención, pero a mí me gusta es “distancia”.

    Un abrazooooo

    1. El narrador es un témpano de hielo, Amparo. A saber si será un sádico irredento, a saber.
      En principio, no llevaba la intención de la distancia cínica del narrador protagonista, pero salió así. Cada relato toma su camino y determina su pulso, a veces sin que sea muy consciente.
      Un beso.

  9. Será un picadura de avispa, pero funciona como un toque de atención para que las relaciones de pareja se cuiden desde el principio y no se desatiendan durante lo que dure su viaje, si no queremos queremos acabar odiando aquello que las hizo fracasar,cuando nada tiene ya solución. Triste relato en el que no esperas esa terrible final.
    Un abrazo y suerte afin de mes.

  10. Hola Isabel!!

    verás amiga mía,

    como alérgica declarada en “papeles alergológicos” a la ” doble A” (avispas y abejas), acabo de decidir colgarme una chapa bien grande al cuello en vez de andar diciendo a todo el mundo que no las asuste y nos las espante cada vez que una de ellas aparece en mi círculo de peligro.

    Como lectora tuya, he de reconocer que consigues transformar un viaje aparentemente romantico en una tragedia que, dada mi condición, me ha dejado ¡¡helada!!. Bien narrado, bien estructurado, y fácil de leer. Me gusta Isabel.

    Un besote muy fuerte y un abrazo.

  11. Jajajaja, Laura. Yo también soy alérgica, así que debemos encargarnos esa chapa juntas, qué caray.
    Y, bueno…, sí que acabó mal el romance. Por culpa de un tercero en discordia, aunque fuera bicho.
    Gracias por tus palabras. Me encanta que me digas que se lee fácil (siempre pretendo eso, aunque me toque dar vueltas y más vueltas para que así sea: la sencillez es difícil de alcanzar. Y hablo de sencillez, no de simpleza).
    Un abrazo enorme.

  12. Hola Isabel, un relato real como la vida misma. Muchas personas tienen alergia a las avispas, cada vez se conoce más este “mal”. Lo que pasa es que el amigo pudo ser más atento y consciente del empeoramiento de la picadura. Algo de maldad has puesto, eso se ve…pero como nos conduces por el camino de tus letras bien llevados de la mano, nos dejamos ir.
    Me gustó mucho.

    Un beso.
    Rosa.

    1. No me digas eso, Rosa, que yo no pongo maldad, sólo imagino situaciones… y pueden ser horribles, como en este micro. ¿O seré mala realmente? Sea como sea, me acuerdo de aquello que dijo Mae West: “Cuando soy buena, soy muy buena y cuando soy mala, soy mejor” (ojalá resultara aplicable, jeje).
      En cuanto a la referencia que haces a que puede ser real, así es. Bien lo sabemos los alérgicos a estas picaduras.
      Gracias por tus palabras aquí.
      Un abrazo.

  13. Los viajes en común nos demuestran muchas cosas de los acompañantes. La avispa puso de manifiesto que no eran el uno para el otro.
    Una ironía, querida Isabel, llevada al extremo con tu prosa certera.
    Un buen beso.
    (a mí me picó una, en los viaductos de Francia hacia Italia…¡uy, gracias que me atendieron bien :)!

    1. Llevas razón, Virgi: se descubre mucho de los otros en los viajes, de ahí que sólo debamos viajar con personas que sabemos que son de nuestro estilo (al menos, del estilo viajero). Otra conclusión es que los viajes organizados son una castaña.
      Lo que está claro es que entre la sangre de horchata de él y la muerte de ella no pudimos conocer su futuro como pareja.

      El comentario de la picadura personal que sufriste me pone los pelos de punta. Conozco esos viaductos (he hecho varias veces esa carretera) e imagino hasta que pudieras parar a que te atendieran. Qué pena que te fastidiaran la belleza de aquel paisaje lleno de monte y mar.

      Un beso bien grandote.

  14. Isabel, en tu relato dejas a las claras las relaciones entre los humanos, y más, las de pareja. Pareciera que no se le movía ni un pelo.Tan natural ve cómo la persona que se le hinchaba su brazo que no se inmutaba apenas… como si de un dejarse llevar fuera lo normal en sus existencias.Me gusta el planteamiento, pero no me gusta la emoción que me comunica.Entonces no me gustaría estar con un personaje de semejantes cualidades.Un abrazo, Isabel.

  15. Jo Isabel, a mi me pasó algo parecido, de niño en playa América, Nigrán, me picó en el pie una faneça y los profesores de la excursión no tenían ni idea. Por la noche, la pierna parecía elefantiásica y me llevaron al hospital.
    Urbasón en el bolso.
    Muy bueno.
    Un beso

  16. Me consta que han pasado unos días desde que Isabel presentó este texto, pero he estado descansando, desconectada de todo y no lo he leído hasta hoy. No quiero dejar pasar mi comentario para decir que me ha encantado este puntito de malicia que tiene el desenlace.
    A veces ignorar la consecuencia fatal que puede tener una reacción alérgica, puede llevar a extremos irreversibles por la propia inconsciencia.
    Ella se fue y al acompañante le quedará para siempre un recuerdo inolvidable. Si hubiera una próxima ocasión, seguro que sería más diligente.
    Besos, Isabel.

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