Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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46. ¡Ay, qué injusta es esta vida!

Mi padre es delgado, pequeñito y malo como Lucifer. Un enero, no habiendo clareado el día, plantó en el jardín un enano rojo para que se encargara de nuestra educación.

Supimos que estábamos perdidos.

El horripilante engendro nos observaba cada vez que salíamos o entrabamos a la casa con una sonrisa endiablada en la boca.

Todos los días, antes de irnos al colegio, el enano colocaba en fila, de mayor a menor, a mis cinco hermanos y les hacía tragar abrasadores ajíes: uno abierto y largo como destierro a los dos mayores, medio a los dos siguientes y un cuarto al pequeño. Ellos moqueaban y gimoteaban a causa del picor tan fiero.

Él reivindicaba que estos «arranca-lágrimas» les fortalecía la hombría y se las hacía duras como fierros. Después, se alejaba satisfecho por haber cumplido un día más con su tarea educativa.

Mis hermanas y yo no veíamos la hora de librarnos de esta cárcel, estos hierros en que nuestras almas estaban metidas, mas era uno de los pocos momentos en que nos alegrábamos de ser hembras en esa familia de tan picante virilidad. Vivíamos enajenadas tramando cómo acabar con ese colorado demonio y, de paso, con mi sañudo padre.

 

18 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Menudo padre luciferino y vaya ayudante para la educación de sus hijos que se ha buscado, esos pobres sólo tienen dos destinos: terminarán forzosamente recios, o con un agujero en el estómago. Ellos, los varones, sólo sufren, mientras que sus hermanas, dotadas de una inteligencia más sutil e indudablemente más prácticas, tienen capacidad para sobreponerse y quizá maquinar un plan que termine con esa tortura.
    Suerte, María, y un saludo

    1. María Rojas

      Mª Belén, me siento feliz de contar con tu complicidad. Lo lógico es que cada día la suerte nos favorezca a las féminas.
      Abrazos.

  2. María Rojas

    Ángel, los hombres, con tanto ardor les era imposible tramar nada. Las mujeres, libres de “ajíes”, planeaban con astucia acabar con sus desamparos.
    Abrazos.

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